Opinión al estilo Consejo

Recientemente una amiga me llamó por teléfono y después de saludarnos y  de actualizarnos sobre las vicisitudes de nuestro diario vivir, mi amiga me dijo que necesita un consejo sobre su pareja.

Yo de inmediato le respondí que, después de haber entrevistado tantas personas, he aprendido a no dar “consejos” porque  las mujeres somos resilentes” – y con una sonrisa en mis labios agregué – “además porque somos los protagonistas de nuestras vidas y siempre encontramos la solución para salir adelante.”

Mi amiga insistió en que le diera una “opinión” al estilo “consejo”, pero aclaró que no era un “consejo” como tal porque seguramente no lo iba a seguir y que solo quería conocer mi “opinión” de lo qué yo “pensaba” sobre el enredo emocional que tenía con su pareja.

Mi amiga me contó la disyuntiva en que se encontraba y  el porqué no puede decidir lo que quiere hacer con su matrimonio. Yo la miré y después de transferir mis pensamientos de “quasi-jurista” a palabras simples le respondí :”Tu situación la veo complicada porque tienes una confusión entre plazo y término”.

Mi amiga me miró confundida esperando palabras sencillas y no de una leguleyo.

Respiré profundo y continue mi explicación:  “Mira, la confusión que tienes es que el plazo y el término ambas comprenden tiempo, pero todo plazo tiene término, mientras que término se refiere a un momento determinado para su fin o conclusión. Si decides darle un “plazo” a tu pareja, tienes que darle un un período de tiempo y si le das un “término” puede ser un día o una hora determinada.”

Mi amiga me miró más confundida al darse cuenta que mi “opinión” estilo “consejo” se había vuelto complicado para entender.

“Por ejemplo” – le dije – “si decides darle un ‘plazo’ de un año para solicitar el divorcio, este plazo comenzaría por ejemplo, el 1 de enero y tendría como “término” el 31 de diciembre. “En tu caso – continue mi larga y complicada exposición – “como el matrimonio es un contrato a termino indeterminado, porque se sabe cuando comienza y nunca cuando termina, pero en situaciones como la tuya y específicamente la que tienes con tu esposo, ‘opino que  le des un ‘plazo’ para terminar a una relación  que no tiene ‘término’ para terminar.”

Mi amiga enredada entre tanto palabrero me miró, pero no dijo nada y decidió esperar hasta que yo desenredara mis pensamientos y aclarara con más detalle la “opinión” que en principio no le quería dar.

“Un ejemplo de plazo” – le comenté en tono seguro — “es cuando le das una fecha fija de antemano a tu esposo para que resuelva el enredo emocional en que están.  Pero mi ‘opinión’, claro esta, al estilo ‘consejo’  es que le des un ‘plazo’ para que puedas hacer algo en una situación que no le ves cómo terminar o darle fin o conclusión.

Mi amiga en silencio se despidió sin mucho que decir, pero seguramente entendiendo el porqué no doy “consejos” ni menos “opiniones”. Yo me despedí sin mucho que decir y moviendo mi cabeza porque mis pensamientos estaban debatiéndose entre “plazos ciertos o inciertos.”

Hoy me encontré a mi amiga y me contó en términos legales que le había dado un “plazo” a su esposo de 60 días para terminar el contrato matrimonial  y el 30 de diciembre como “término” para solicitar el divorcio. 

Nos despedimos con un gran abrazo  y felices porque el enredo emocional había “terminado” y nos dimos un “plazo” de 30 días para tomarnos un café.

Ensayo publicado  Jul 18, 2016 at 01:26