Sintiéndome tal y como una protagonista de una telenovela, mire con detenimiento la invitación; mis manos temblaban al darme cuenta que era la invitación para la gala de fin de año de la compañía donde trabajo. Respiré profundo mientras trataba de digerir una verdad que he escondido por todos estos años: Me ha llegado la hora de jubilar, una vez por todas, el viejito vestido negro y comprarme uno nuevo.
“¡Nooooo! “- grité mientras miraba en espejo, pero callé al darme cuenta que en la cena de ¨Acción de Gracias” solo había comido un pedazo de pavo y unas cuantas vainitas y que podia ir a comprar un nuevo vestido durante el famoso viernes negro. Me fui a dormir pensando que estaba preparada mental y físicamente para encontrar las ofertas que ofrece el famoso viernes negro.
Me levanté a las cuatro de la mañana, hora “supuestamente” perfecta para encontrar la mejores ofertas en la tienda más exclusiva de Cincinnati. En medio del gentío y entre empujones pude llegar a la sección de vestidos de gala, pero me quedé sin palabras al darme cuenta que la mayoría de los vestidos eran color ROJO.
Decidí preguntar a la encargada de la tienda, pacientemente esperé en una larga fila para preguntarle, tal vez esperando una explicación lógica del porqué la tienda tenía muchos vestidos de gala del mismo color; la chica bostezando y medio impaciente me respondió: “ Señora, el rojo es el color de moda.”
Mientras la escuchaba, decidí ver que habían vestidos escotados, cerrados, largos y cortos, pero todos, toditos, eran ROJOS.
Con una sonrisa, tal vez la misma que ofrecen las vendedoras a las clientes a las cuatro de la mañana en en un “viernes negro“, dijo: “Los vestidos rojos con sandalias rojas hacen una combinación perfecta“.
Desesperada salí de la sección de “vestidos” y me fui corriendo a la sección de “maquillaje”, pensado, tal vez, que podía subirme el ánimo maquillando mi desilusión. Sentada conversando con la vendedora mientras me maquillaba con lo último de lo último de la moda. Para mi sorpresa, al terminar de maquillarme me dio un espejo y me dijo: “Te ves bellísima, definitivamente el lápiz labial Rojo Pasión te hace lucir joven y brillante.“
Me miré al espero, respiré profundamente al sentirme desilusionada, y definitivamente roja pero no de pasión, al darme cuenta que lo único que podía ver detrás del vestido rojo, las sandalias rojas y los labios rojos era la cara del parlanchín presidente sudamericano que no se quita su camisa roja ni para dormir.
En medio de la tienda miré al cielo pidiendo una respuesta: “¿Hasta cuando estará el rojo confiscado?”
Honestamente no lo sé, lo que si sé y estoy segura, es que para la gala de fin de año me voy a poner el eterno vestido negro, porque prefiero vestirme como una viuda que ponerme un vestido con el golpeado y confiscado color rojo.

Lorena en la gala de fin de año con su eterno vestido negro
Artículo publicado el 4 de diciembre del 2009.
