Una Vida sin Cilantro

El mercado hispano está creciendo y las compañías hacen todo lo que está a su alcance para convencer a la mujer hispana de comprar sus productos, y para nosotras, es una lata ver cómo nos enlatan en sus latas.  

La última lata la encontré en una noticia sobre un concurso culinario que no sólo me causó risa, sino que también me inspiró a escribir uno de mis comerciales minidramáticos titulado: “Una Vida sin Cilantro”.

La noticia se refiere a un concurso de cocina patrocinado por una de las principales compañías elaboradoras de alimentos en el mundo y es un concurso dirigido a las mujeres para que recuerden los deliciosos aromas que disfrutaron cuando eran niñas en la cocina de sus abuelitas y las invita, como supuestas cocineras hogareñas creativas que son, a compartir una de sus recordadas recetas tradicionales y que son parte del menú diario de sus familias y preparar la versión que han creado de un típico plato latinoamericano.

Ahí les va “Una vida sin cilantro“:

Era un día soleado cuando Julieta, entre líneas, leyó la noticia del concurso “La Receta de mi Cocina¨” y emocionada, decidió aventurarse a participar en el concurso de recetas tradicionales. 

Sintiéndose como toda una cocinera hogareña creativa y recordando los aromas de su niñez, Julieta se fue al súper-mega-mercado con su poderosa, sustanciosa y diminuta lista de productos para preparar una de las recetas favoritas de su abuelita: ajos, tomates, cebollas, cebollín y por supuesto, cilantro.

Julieta, cansada de caminar en el enorme supermercado y a punto de desfallecer de cansancio, encontró escondido entre un montón de hierbas: el cilantro, ingrediente imprescindible en las recetas de su abuelita.

Con el ramillete en mano, tal como una novia en el altar, vio salir de la sección de enlatados a su amiga Doña Perfectina, una cocinera hogareña poco creativa, pero con fama de preparar deliciosos platos, porque sigue perfectamente las instrucciones de las recetas que aparecen en las latas.

Julieta la saludó con una sonrisa nerviosa al ver que Doña Perfectina tenía en la mano la noticia del concurso La Receta de Mi Cocina.

Pobre Julieta, en medio de latas, se encontró enlatada en una conversación que le daba lata.

Doña Perfecta le explicó el platillo que iba a preparar para el nuevo y divertido concurso culinario en línea, y le recordó a Julieta que, para participar en el concurso, las recetas necesitaban tener como ingrediente principal cualquiera de las 14 marcas de la compañía patrocinadora y procedió a nombrarles todos los productos.

Julieta la escuchó detenidamente y casi sin aliento, mientras trataba de sostener su ramillete de cilantro en sus temblorosas manos, le respondió:Esas son todas unas latas, ¿cómo voy a preparar el plato de mi abuelita usando latas?

Pero Doña Perfectina le respondió con una amplia sonrisa— ¿por qué haces tanta lata?  Lo que tienes que hacer es seguir las instrucciones de la receta tal y como aparece en la lata; lo sirves en la vajilla tradicional que te regaló tu abuelita y listo. ¿Cuál es tu problema con las latas? A mí las latas no me dan tanta lata.

Julieta miró su lista de compras sin latas y suspiró profundamente mientras miraba al ramillete de cilantro como cualquier novia abandonada ante el altar y en tono triste le dijo: Ni quiero estar etiquetada como una «cocinera hogareña creativa» ni tampoco quiero preparar mis recetas con esas latas. He vivido sin latas toda mi vida y me da lata pensar en cocinar con esas latas.

Como toda mujer que sabe muy bien lo que quiere en la vida, agregó: “De por sí es una lata cocinar sin cilantro y me da lata participar en un concurso de latas“.

Julieta se retiró con la frente en alto y con su ramillete de cilantro, dejando a su amiga en medio de un montón de latas.


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