Otra víctima de la recesión

Una amiga me sugirió escribir sobre Pedro, mientras hablamos sobre su última receta para deshacerse de la recesión económica del 2008.

“¿Pedro? ¿Qué puedo escribir sobre él?”, le pregunté. “Ya lo verás”, respondió con una sonrisa.

De regreso a casa, no podía dejar de pensar en Pedro, el hombre con apellido de alcurnia que yo llamo Pedro Bond. Para mí, es el hermano perdido de James Bond: alto, con la espalda ancha, los ojos grandes y las cejas gruesas, y camina con la seguridad de quien tiene el mundo bajo control.

La esposa de Pedro, igual de glamorosa, tiene unas piernas que le llegan hasta el cuello y un cabello liso y suave como el de las propagandas de champú. Aunque conozco su nombre, prefiero llamarla la Chica Bond.

Pedro y su Chica Bond son ricos, siempre van a la moda y hablan de viajes y fiestas elegantes. “¿Pero qué puedo escribir sobre un hombre que lo tiene todo?”, me pregunté, sintiéndome un poco triste.

Esta semana, mientras hacía la compra en el mercado, me encontré con Pedro Bond y su Chica Bond. Me quedé tan sorprendida que casi se me cae la lista de la compra. Mientras me recuperaba del susto, me aseguré de que llevara el pantalón que me hacía lucir elegante y la camisa que, aunque viejita, me salva de momentos de encuentro con personajes de películas como ellos.

Entonces, entendí por qué mi amiga quería que escribiera sobre Pedro.

La Chica Bond estaba pálida y sin maquillaje, pero su esposo, el Pedro Bond, el perfecto Pedro como le llama mi esposo, simplemente se encogió. Parecía que se había metido en la secadora sin leer las instrucciones de cuidado; no tenía la altura, los hombros anchos, las cejas gruesas ni la mirada segura de un Bond.

Como cualquier mujer que a veces no piensa antes de hablar, les pregunté, sorprendida: “¿Qué les pasó?”.

Con una sonrisa nerviosa, Pedro Bond respondió, y solo recuerdo haber escuchado sobre inversiones en bienes raíces, el mercado bursátil y la pérdida de empleo.

Yo, con mi manía de dar discursos solemnes, y viendo que Pedro Bond y la Chica Bond eran otras víctimas de la recesión, les dije, mientras sostenía mi lista de compras como si fueran las instrucciones para navegar estos tiempos difíciles: “Bienvenidos a la recesión global”.

~~~~~~~~~~~~~~

* Los personajes de esta historia son ficticios. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

 En estos tiempos difíciles: “Bienvenidos a la recesión global”.

Artículo publicado en la extinta Mujer Latina Blog el 5 de diciembre del 2008


Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *