La Dieta del Susto

Impávida lo miré y le dije: “Me has engañado todo este tiempo y yo fielmente confiaba en ti, pero todo ha sido una mentira.”

Suspiré profundamente y continué diciendo: “No quiero pedir nuevamente tu opinión; no más excusas, ahora veo claramente la realidad” -me limpié ruidosamente la nariz, abrí lentamente el puño de mi mano y ahí estaba el insulso botón que heroicamente había mantenido cerrado mi ajustado pantalón.

Me aclaré la garganta y con una gran fuerza que salió de lo más profundo de mi ser, en tono austero dije: “No más lágrimas derramaré por tus mentiras y ésta es la prueba que necesitaba para demostrar tu engaño” – tomé una pausa para mirar al botón  – “ahora sé que he aumentado de peso y que tú” – con mi dedo acusador señalé al espejo –  “tú no has sido honesto conmigo” terminé cerrando fuertemente el puño de mi mano.

A regañadientes pensé que, además de sentirme engañada por el espejo, también me sentía asustada e conocer cuanto tiempo el botón pudo sostener mi apretujado pantalón.

Miré mi mesa de noche y ahí llenos de polvo vi una pila de libros sobre dietas y decidí ignorarlos nuevamente, para dedicarme a navegar la red y así olvidar el impacto que me había causado ver la trayectoria de vuelo del Objeto Volador Si Identificado (el famoso botón).

Surfeando me encontraba cuando de pronto encontré un artículo en Beautifulpeople.com sobre cómo habían eliminado a más de “cinco mil de sus miembros porque en sus fotografías se veía cómo habían aumentado de peso durante las fiestas navideñas.”

Pero” –pregunté en voz alta muy molesta – “¿a quién se le ocurre eliminar gente bonita por tener unos unos kilos de más?” 

Dejé a un lado la revista y decidí encender  la radio para distraerme escuchando cosas más interesantes, pero ahí una vez más, la sombra del botón saltarín apareció para darme otro gran susto al escuchar que para el 2020, es decir dentro de 10 años “ casi la mitad de los americanos serán obesos y que la expectativa de vida, que en la década pasada estaba en los ochenta años, ahora, gracias a la obesidad epidémica, puede disminuir esa tendencia”.

Asustada salté del sofá y me fui al gimnasio al darme cuenta que junto al botón se me había caído también mi autoestima. Corrí, troté y sudé como nunca y,  gracias a la fuerza del Tigre de Metal (Horóscopo Chino 2010), pude martillar valientemente mis rollos (hacer abdominales) como unas… cinco veces aproximadamente.

Agotada y adolorida regresé a mi casa examinando con detenimiento el tiempo que iba a durar mi nueva dieta del susto y cuándo volvería a confiar en lo que refleja mi espejo.

Honestamente no lo sé, pero de algo si estaba segura, es que debía poner (coser) en su sitio (en el pantalón) al bendito botón que me había dado tan gran susto.