La Capa Negra y el Antifaz

Cartas a la Editora

Querida Lorena,

Quiero que escribas  – cuando te sientas inspirada –  sobre cómo a las mujeres con mentes tan ocupadas a veces se nos olvida dónde dejamos las cosas. Cuando nos pasa, nos volvemos un caos, un manojo de nervios y un huracán de estrés porque no las encontramos, y resulta que a veces las tenemos en nuestras propias manos….😊 ¡Ja, ja, ja!…😊 Tal como te pasó el día que no encontrabas tus llaves del carro y en escasos segundos se te borró la memoria; es un lapso mental que nos traiciona, pero al momento que las encontramos, retiramos y sonreímos.  Creo que a todas nos ha pasado en algún momento de nuestras vidas; tanto trabajo y tantos compromisos,  en fin, tantas cosas. Saludos,  Elvia

Lorena: Gracias Elvia por tu nota y haré todo lo posible para escribir sobre los Lapsus Mentís que todas sufrimos cuando se nos pierden las cosas. Pero no esperes mucho, porque mis artículos que generalmente inspiran, siento que ahora expiran, y que mis divertidas historias de aventuras están congeladas por culpa de este largo y frío invierno. Pero por cosas extrañas de la vida, está semana me pasó algo interesante que vale la pena compartir y  que me ha inspirado a escribir el articulo titulado: La Capa y el Antifaz. 

Espero que te guste,  Lorena

******* Ahí te va ******

Al organizar la caja de disfraces de Halloween de mi hija, encontré una capa negra y el antifaz del Zorro. Sin dudarlo, me los puse y experimenté una sensación de poder inusitado.

Ataviada con la capa y el antifaz, decidí adentrarme en la cocina. Ante la acumulación de platos sin lavar, me lancé la capa hacia atrás y, con la seguridad de quien tiene el control de su vida, exclamé: “Definitivamente tengo el poder, pero no la voluntad de lavar los platos”.

Una carcajada resonó en el espacio. Con la discreción de quien utiliza su capa negra para mostrar su poder y un antifaz para ocultar sus obligaciones, abandoné la cocina.

Rápidamente, ingresé a mi habitación. Ante la montaña de ropa por guardar, con la mirada de quien no se amedrenta, me lancé la capa hacia atrás y con voz firme afirmé: “Tengo el poder, pero no la voluntad”. Nuevamente, la carcajada resonó.

Lo interesante de esta anécdota es que la capa negra y el antifaz me hicieron comprender el poder y el control que poseemos las mujeres en la cotidianidad.

Con la humildad que me caracteriza y una sonrisa maquiavélica, salí de casa para la entrevista programada. Llegué puntual y con la precisión de alguien que lo tiene todo bajo control, procedí a colocar la cámara sobre la mesa y a encenderla. Sin embargo, mi sonrisa se desvaneció al percatarme de que la cámara no funcionaba.

¡Pamplinas!”, exclamé asombrada. “Ahora tengo la voluntad, pero no el poder. ¡Qué ironía!”.

Con gran pesar, recordé que el cable de la cámara estaba en mi automóvil, pero mi mente se quedó en blanco al darme cuenta de que no recordaba dónde había puesto las llaves. En medio de un huracán de estrés, el entrevistado, su secretaria y su asistente se ofrecieron a ayudarme a encontrarlas. Las buscamos por todas partes sin éxito. Súper apenada por mi desorganización, decidí vaciar el contenido de mi bolso y, ruidosamente, cayeron las llaves sobre la mesa. 

Sin la sonrisa maquiavélica ni la humildad que me caracterizan, ni la capa y el antifaz del Zorro para mostrar mi poder, y sin la ruidosa carcajada, regresé a casa resignada al darme cuenta de que el poder se pierde si no tiene baterías.


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