“Mamá, sabes algo sobre “La Rosa de la Guadalupe” — Me preguntó mi hija al regresar de su trabajo de voluntaria para un grupo de jóvenes hispanas en Cincinnati. Sintiéndome desconectada, desenchufada, despistada y desubicada por no tener cable para ver canales hispanos, la miré y ella me miró con la mirada interrogante que sólo viene acompañada por un: “Tarantantannnn”…

Hubo un silencio, como esos silencios que se colocan después de un punto álgido de una telenovela, y sin pensarlo dos veces salimos corriendo a Googlear sobre la telenovela y leímos en voz alta: “Historia de amor, desamor, esperanza, lucha e intriga y …”

Satisfechas con la respuesta decidimos continuar nuestra vida normal en Ohio, sin mucha intriga, pero con mucha lucha.

Así mi vida, su vida, la nuestra, continuo su rumbo hasta que al siguiente día regresó con una mueca en su cara y medio frustrada me preguntó: ¿Conoces a Sebastian Rulli?

Me miró, la miré, y de pronto escuché nuevamente el “Tarantantannn” y con voz de protagonista de mi propia telenovela, le respondí: “ ¿No, no lo conozco, quién es él? Mi hija, con un respiro que sonaba como un suspiro, respondió: “El Galán de moda”.

Y sintiéndonos como de otro planeta, hicimos nuevamente Google y encontramos: ¨… Protagonista de Amores verdaderos, Lo que la vida me robó y Los derechos de la mujer.

Sabiendo que el próximo día iba a surgir una nueva pregunta, decidimos indagar más sobre el tema en “Hulu Telenovelas” para ponernos al día y encontramos que: “Niñas mal” “Mientes para Vivir” con “Pasiones” “Nunca te dire Adios” porque “Mi Gorda Bella” “Olvidarte jamás” son las telenovelas del momento.

Desencantadas porque esas historias no encajaban en nuestras vidas: las reales, las verdaderas, las de la post-telenovela, las de la cotidianidad, donde no hay tantas mujeres malas malas ni tantas buenas buenas, aquella donde no hay un guión que acaba casi siembre con el mismo final, sino con historias que se entrelazan, para luego desenlazarse y empezar de nuevo.

Ya no escuchamos el “Tarantantan” y hubo miradas de desconcierto. Juntas decidimos dejar la cosa hasta allí y nos despedimos diciendo:

“Este peluche se va para su estuche”…Buenas noches.

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