No tan lejos de mi casa, en la ciudad de Hamilton, un padre, un hijo, un esposo fue vílmente asesinado. La vida de Samuel Baez-Rosa quedó cegada por negarse a entregar el dinero fruto de su trabajo.

El reporte policial es parco y sin muchos detalles: un hombre es muerto después de haber sido atacado con un bate de béisbol en su casa y están buscando a un hombre y a una mujer que presumen están involucrados.

Samuel Baez-Rosa, tambien conocido como Hermino Romero, fue asaltado en su casa en la 800 de Ludlow Street, la noche del miércoles 14 de julio,  por dos personas demandando dinero.

Cuando Baez-Rosa de 44 años se rehusó a entregar el dinero en efectivo, los dos lo golpearon con un bate y se llevaron su billetera.  Su compañero, Alejandro Ramirez, se acercó a a la puerta al escuchar a su amigo gritar y fue también golpeado. Sus lesiones fueron leves y Ramirez llamó al 911 cerca de las 11 p.m.

Baez-Rosa fue pronunciado muerto a las 1:42 a.m. y la policía está investigando el crimen como un homicidio de acuerdo al vocero del departamento Richard Burkhardt.

Pero Samuel no era un “simple hombre” como menciona el informe policial. Al contrario, Samuel tenía su historia, una historia larga y llena de detalles. La de un esposo, la de un padre de familia, la de un hombre muy trabajador, la de un hombre que tuvo que dejar su país y el que sufrió todo tipo de vejamen en su camino a Hamilton, Ohio.

La historia de un hispano que llegó y de inmediato encontró trabajo, tal vez era el que arreglaba el jardín,  el que construía o reparaba casas o era el que cabizbajo recogía y lavaba los platos en algún restaurante de Hamilton.

Hoy sentí el dolor de las madres, esposas e hijas que como yo, vemos partir a nuestros esposos, padres e hijos porque no hay trabajo donde vivimos y que no tenemos otra opción que tener la esperanza de que regresen sanos y salvos.

El 14 de julio se cegó la vida no de un hombre sino de Samuel, un hombre sin papeles para unos, pero para nosotros con muchos papeles; el del padre, el de esposo o el del hijo que dejó su hogar, su familia y su pueblo para buscar un sueño americano que no pudo terminar.  La historia de un hombre valiente con una familia llena de colores y risas.

La historia de Samuel se parece a la historia de cientos de hispanos que viven en los Estados Unidos, pero lamentablemente Samuel fue el hombre que por unos cuantos dólares le truncaron su camino lleno de ilusiones; y eso es lo que hace que su muerte sea más dolorosa y difícil de entender.

Hoy trato de encontrar el camino de la esperanza, el camino con un nuevo sol, sin tristezas y sin el llanto amargo de una muerte injusta.

Samuel nos dejó una lección que no podemos olvidar, que las leyes deben proteger a todos, independientemente de su estatus migratorio y que no hay que esperar que un inmigrante sin papeles muera para corregir los abusos legales y vejamenes que sufren diariamente.  Porque un inmigrante sin papeles no es un simple hombre, es un hombre con una historia muy larga, llena de amor, sacrificios y rica en detalles.

Hoy al menos tengo la esperanza que Samuel ha tomado el camino para encontrar la alegría que esta tierra no le pudo dar, la alegría que sólo se puede encontrar más allá de las estrellas.

 

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