Todos esperábamos como cuando se espera el último número del BINGO. La expectativa era muy grande y sentados en el gran salón de conferencias pacientemente veíamos como la representante de una corporación local se aclaraba la garganta, respiraba profundo y compartía la gran noticia del día: ¨Nuestra empresa va a iniciar el programa ‘Las Comadres’ en una organización comunitaria local para ayudar a las hispanas a aprender inglés y computación.¨

Honestamente yo no escuché los aplausos, ya que me sentí como la simplemente María, la que se quedó en el primer capítulo, la del disco rayado, la huérfana de la película, la que no tenía el número ganador del BINGO y la que muchas veces siente que sus palabras se las lleva el viento.

“Pero, ¿esos programas ya los ofrece una organización comunitaria local?”  – me preguntó una amiga mirándome con sorpresa – “¿Por qué no apoyan a programas que ofrecen ayuda a las mujeres para que compartan sus retos y aprendan cómo resolverlos?”

“Honestamente no lo sé” – le respondí – “parece que lo único que pueden ofrecer es enseñarles ingles y computación.¨

“Pero, ¿por qué comadres?” – resignada la miré y continué con mis eternas preguntas – “¿qué pasa con las que no somos comadres y nos gustaría apoyar a grupos de mujeres que proporcionan las herramientas para que éstas aprendan a navegar en los dos mundos donde vivimos?

“Bueno, deja ese melodrama” – me dijo mi amiga con una mueca  – “Tu sabes muy bien que así es la vida de las hispanas en los Estados Unidos, por un lado nos incluyen, pero por otro lado se nos excluyen.”

Escuchar sus palabras me hizo sentir tan sola y le dije: “Sabes que Han Solo no estaba tan solo contratacando el imperio en la  Guerra de las Galaxias.”

Mi amiga me preguntó – ¿Qué tiene que ver Han Solo con ‘Las Comadres’?

¨A simple vista NADA¨ – le respondí con un maliciosa sonrisa – ¨pero recuerda que Han Solo tenía a su Shewbacca.¨

¨¿Chubaca?¨ – con sorpresa me preguntó.

Con una impaciente mirada y lentamente pronuncié: ¨Chew- ba- ccaTu sabes, el amigo peludo de Han Solo que lo ayudaba a navegar por el mundo sideral y lo protegía de los enemigos porque tenía las herramientas correctas para arreglar la nave espacial.¨

¨Ahhh, eeeese¨ – me respondió y sin una gota de pena soltó una carcajada en mi propia cara – ¨Sólo a ti se te ocurre eso de Han Solo y Chubaca.¨

De pronto sentí como un relámpago aclaraba mi mente y con una mueca le respondí: 

¨Si no somos ni tenemos comadres y si sólo nos pueden ayudar con el idioma y con el manual técnico para navegar en este mundo, porque no podemos crear el club de las Chewbaccas.

¨Jajajajajaja el Club de las Chubacas, Lorena, ¡qué imaginación!¨ – A carcajadas me respondió mi amiga.

Cansada de escucharla reír, entre dientes le respondí: “El Club de las C.H.U.B.A.C.A.S:  Chicas, Hispanas, Unidas por el Bienestar común, por la Amistad, por el Compañerismo y porque somos unas Aliens Súper.¨

“Jajajajajaja el club de las Chubacas jajajajaja” – continuaba mi amiga riéndose sin parar.

Respiré profundamente y tratando de recuperar mi dignidad, le dije alzando mi dedo:

¨Es un club para aquellas mujeres que necesitan apoyo cuando el sistema de navegación de la vida no les funciona y se les proporciona las herramientas para arreglar la nave cuando se les descompone o simplemente se les ayuda a derribar las barreras que encuentran en el camino, tal y como lo hacía Shebacca cuando Han Solo se encontraba en medio de poderosas naves enemigas y enormes asteroides.¨

¨Mira¨– continué con mi discurso de dignataria galáctica – ¨en algo si estamos seguras, es que la suerte se hace trabajando y no creo que nos vayamos a ganar el BINGO de las oportunidades. Es por eso que lo único que podemos hacer es apoyarnos cuando nuestro sistema de navegación sufre un altibajo o simplemente acompañarnos en este largo y a veces duro viaje por la vida.” 

¨Jajajajaja el club de las Chubacas jajajaja” – las carcajadas de mi amiga retumbaban en mis oidos.

De pronto me dio un ataque de risa verla reír tanto y le pregunté: “Aquí ENTRE AMIGAS, ¿será que así se ríen las Comadres?” porque si no es así, definitivamente así se ríen las Chubacas.”

“Jajajajaja, Jejejejeje, Jijijojijjiojjo, Jujujijijijijijojo”

Afuera el mundo continuaba girando entre aplausos y discursos, pero en una esquina, como en otra galaxia, se encontraban riéndose dos amigas tal y como dos Chubacas.

 

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