Así decía mi profesor de Lógica Jurídica, que viendo los años que tengo de graduada, me imagino que estará en algún lugar de la mancha. Mi profesor con su acento castizo y con el dedo índice en alto, al explicarnos la estructura silogística enfatizaba que en el razonamiento hipotético se usaba el de If.

Pero no se asusten, no estoy con mi índice en alto ni quiero explicarles la lógica aristotélica del razonamiento que encadena juicios en el que se parte de una proposición conocida se descubre otra u otras desconocidas. Simplemente estoy tratando de encontrar una explicación lógica de lo que me pasó el día de ayer o, tal vez, lo que me ha pasado durante estos últimos años en Mujer Latina Today.

Definitivamente Sófocles no estaría orgulloso si se enterara que ya salimos de la recesión económica, porque yo todavía insisto en preparar lentejas con arroz para la cena. Pero como toda una quasi-Sofista, decidí ponerme mi toga y filosofar sobre las estrategias de las compañías de marketing que esperan como respuesta de las Latinas o hispanas el si sin la tilde, el si de gracias por hacerme el favor, como si su trabajo valiera mucho y el mío valiera tres lochas.

Si hace 7 años cuando empecé Mujer Latina Today no hubiese usado el Sí de If, honestamente no sé dónde estaría hoy. Gracias al  de If pude derrumbar a los si  sin la tilde que me encontraba en el camino. Los si que me hacían bajar la cabeza, los que me nublaban la mente y que no me dejaban ver a los de If que tenía a mi lado.

Ayer en vez de usar el si sin la tilde, usé el Sí de If, el Sí que produce suspicacias en las compañías de marketing porque muestra que somos más inteligentes de lo que ellos creen. El de las mujeres que valoran su trabajo y que merecen recibir a cambio una remuneración.

Pero, ¿eso me hace una Sofista?

Honestamente no lo sé, pero lo que si sé es que en la Grecia Antigua los poetas cobraran por sus servicios, ¿Por qué yo no puedo cobrar por los míos? 

Sintiéndome apoyada por Heródoto, Pitágoras, Solón y sosteniendo la toga con una mano y con la otra con el dedo índice en alto, leí:

“El desprecio con el que los sofistas eran tratados en ocasiones no nacía del hecho mismo de recibir remuneración, sino de hacerlo, sobre todo, por la formación en la llamada areté, el arte de la política y la ciudadanía, que incluía todas las técnicas persuasivas para hacerse un lugar en la administración de la polis.”

Con estas palabras, me quité mi sábana blanca, la corona de cilantro que tenía en mi cabeza y para celebrar la culminación de la recesión económica decidí preparar para la cena unas deliciosas caraotas negras (frijoles) con arroz.

 

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