Por: Nancy Pulecio Vélez – Autora de: Tus cuatro amores

Sabías que todos nosotros tenemos dentro, cuatro amores y que en la medida que podamos identificarlos podemos ser seres totalmente felices y plenos?

Hoy solo vamos a hablar de uno de ellos. El amor interno. Es el amor que nos debemos a nosotros mismos, el que nos hace entender dónde estamos ante cualquier desafío. Es el que no importa qué tan desesperados estemos, porque al llegar a él y sentir que emerge de nuestro ser, nos será fácil entender que tenemos un horizonte tan amplio como lo anhelemos para hacerle frente a cualquier eventualidad que nos traiga la vida. 

Fácil de explicar… pero difícil de adoptar. Porque aunque mentalmente lo tengamos claro, diciendo: yo lo entiendo, no tienen que enseñármelo… a ratos nuestras angustias y pasiones pueden ganarle a la lógica y podemos seguir padeciendo, olvidándonos de nosotros mismos. 

Me refiero a que si por ejemplo, nos preguntan cómo nos sentimos, ante una pena de amor, cuando él o ella nos ha dejado por cualquier circunstancia, respondemos de inmediato: Yo? Estoy divinamente. Aunque por dentro estemos clamando al cielo que se acabe la tristeza o que se acabe el mundo, dependiendo del nivel al que pueda habernos llevado el dolor. 

Y es cuando estamos ardiendo de ira o pasión y son nuestras hormonas las que nos están “manejando” y nosotros las estamos “obedeciendo” al  pie de la letra, que nos llegan los sentimientos de revancha o de culpabilidad, de ira o de pérdida de nuestra estima, o de deseos, talvez ¿de reconciliación…? pero siempre que él o ella nos pida perdón…o deseos de nosotros mismos pedir el perdón para salir del dolor… Y sí, eventualmente podríamos salir del dolor, pero es esto: “salir del dolor”, ¿lo que realmente buscamos? 

Al respecto, ante todo debemos tener totalmente claro que cada palabra y movimiento que desarrollamos tiene una respuesta final, de la cual somos nosotros los únicos responsables. 

¿Entonces a quién acudir para no dejarnos dominar por nuestras pasiones, indecisiones y angustias? ¿A un psicólogo? NO. ¿A un sacerdote? NO. ¿A un astrólogo? NO. Porque al acudir a ellos estamos evadiendo nuestra responsabilidad, por ello sencillamente podemos acudir con nuestro “amor interno” a NOSOTROS MISMOS. 

Es el momento para respirar profundo, hasta llegar al centro de nuestro corazón, encontrarnos y en silencio preguntarnos para respondernos con la mayor honestidad:

1.- ¿Quién soy yo? 

2.- ¿Porqué y para qué estoy en esta tierra?

3.- ¿Cuál es el propósito de mi vida?

4.- ¿Para qué y para quién soy realmente importante? 

5.- ¿Cuáles son mis metas fundamentales?

6.- ¿Cuál es mi plan B?

7.- ¿Puedo realmente dejar que me atormente y posiblemente me enferme este dolor?

8.- ¿Al conservar este dolor… mañana incluso será más intenso, realmente es eso lo que deseo?

9.- ¿Fuera de mí, a quién más hago daño con este dolor…vale la pena?

10.- ¿En su lugar, con dignidad, cómo puedo construir y no destruir?

Si nos hacemos estas preguntas a conciencia, tomando el tiempo necesario y adecuado para respondérnoslas con la mayor honestidad posible, seguramente las respuestas que obtendremos de nosotros mismos, nos harán reaccionar. Primero, porque saldremos de nuestras pasiones y segundo, porque veremos ante nuestros ojos, no solamente uno, sino nuevos horizontes para construir con nuestro “amor interno” nuestra real felicidad y la de aquellos que más amamos.

npuleciovelez@gmail.com

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