María Cobos comparte su historia para motivar a que otras víctimas ¨rompan las cadenas¨ del silencio y del círculo de violencia doméstica. 

Entrevista realizada por Lorena Mora-Mowry y publicada en la Revista Voces en septiembre del 2010

Una mujer que comparte su historia para motivar a que otras víctimas “rompan las cadenas” del círculo vicioso de violencia doméstica.  “Los recuerdos son imborrables, pero las cicatrices se pueden curar”

En el 2000, María Cobos, oriunda de México, cruzó el desierto huyendo de la violencia doméstica, porque para ella “era la única forma de salir de ese círculo vicioso”.

María vivió casi 20 años una relación de abuso físico y verbal, pero eso “no es culpa de una persona, sino de los dos, el abusador y quien se deja abusar….una no se da cuenta y se hace víctima; muchas veces las víctimas nos gusta ser víctimas”.¨

humilllaciones

Ahora cuando María reflexiona sobre su vida siente que de alguna manera había sido abusada por diferentes personas, pero eso le parecía “normal” y hasta le gustaba sufrir porque sentía que le faltaba amor.  Dejaba que le hicieran lo que fuera con tal de sentirse querida o que ella era importante para alguien.

María le gustaba leer y aprendió que lo que le pasaba no era normal para ella ni para sus hijos. “Pero – nos dice María – siempre encontraba un pero, porque no me atrevía a dejar las cosas. Yo me dejaba abusar, a sabiendas de que estaba siendo abusada y no sólo eran  golpes, era también abuso sicológico”.

Su esposo la hacía sentir muy poca cosa cuando le decía:   “Tu no eres más que una cucaracha que puedo pisar cuántas veces quiero”. María se lo creía. “Para dónde tú vas a ir, quién te va a querer…tan fea, tan negra y tan gorda” – la insultaba su esposo. María lo amaba, pensaba que sólo él podía quererla y que era imposible dejarlo ni vivir sin él. Así fue como María pasó casi 20 años de su vida. 

liberación 

Ella trabajaba para mantener a sus hijos y esperó hasta que cumplieron los 18 años.  Les dijo que se iba de casa y ellos la apoyaron. “Busqué ayuda legal y por orden de un abogado salí de mi casa y me fui a vivir donde mi mamá. Pero, a partir de ese momento empecé a sufrir la violencia física, porque ese hombre me buscaba, me echaba el carro encima, me jaloneaba, me trataba de golpear y me amenazaba. Yo no podía sacar mi nariz fuera de la casa porque él estaba ahí esperándome” recuerda María.

Hace diez años María se divorció de su esposo y cruzó  el desierto hasta llegar a la casa de su hermano en Kentucky.  María dejó su pasado, pero los recuerdos aún la persiguen: “Cuando creo que lo escucho, me pongo tan nerviosa; le tengo un miedo terrible. Me causa un pavor, un terror pensar que lo pueda tener al frente de míotra vez” señala María.

renacimiento

María se casó nuevamente “con un señor americano, un santo del cielo, estoy en la escuela y estoy en la gloria” nos dice con una gran sonrisa en sus labios. Su hijo es dentista, trabaja en un hospital y tiene su propia oficina. Su  hija es una licenciada y trabaja para Petróleos de México. 

María está culminando sus estudios universitarios en educación para el desarrollo infantil y se siente feliz porque “he aprendido mucho y me he encontrado a mi misma; ahora sé quién realmente soy y siento que estoy renaciendo. Es increíble como he superado muchas cosas, no importa que tenga 50 años”. 

María es voluntaria en la iglesia Cristo Rey y su mensaje para las mujeres víctimas de violencia doméstica es: “Tengan paciencia porque esto no se hace en un día, mira lo que estás haciendo cada día por ti misma.  Mírense en el espejo y pregúntense: ¿De verdad soy lo que él dice?  ¿De verdad soy tan fea o no valgo nada?… Vas a ver que eso no es así”.  Para María es importante que las mujeres se llenen de valor para cruzar el solitario desierto que vive una mujer que sufre de violencia doméstica.   

Nos despedimos con la promesa de conocer más sobre sus vivencias y recordando la sonrisa de una mujer que logró encontrar la felicidad. 

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Entrevista realizada por Lorena Mora-Mowry para Mujer Latina Today el 26 de Junio del 2010.

María Cobos cruzó el desierto huyendo de la violencia doméstica y encontró el camino a la felicidad.

 ¿Cómo llegaste a los Estados Unidos?

En el año 2000, yo estaba viviendo en México con una violencia doméstica por casi 20 años. Llegué a los Estados Unidos porque mi hermano vio que sólo trayéndome aquí era la única forma de ayudarme para salir de ese circulo de violencia.

Realmente cuando uno sufre de violencia doméstica no es culpa de una persona, la culpa es de los dos, uno que es el abusador y el que deja que te abuse.

Claro que cuando uno está metida en ese rollo, uno no se da cuenta, uno se hace víctima. Mucha veces las víctimas nos gusta ser víctimas. ¿Verdad? Porque si vamos atrás y atrás, en mi caso, siempre fui abusada por diferentes personas.

Pero,  tu sabias que estabas sufriendo de violencia doméstica ¿Cómo es eso de que fuiste abusada por diferentes personas?

Si me daba cuenta que era un abuso personal, pero como estaba acostumbrada a que siempre había sido abusada de alguna manera, me parecía normal. Me gustaba sufrir, es lo más estúpido.

Culturalmente entendías que era normal porque le había pasado lo mismo a tu mamá o a tu abuelita

Si esa es la línea que uno había visto, pero siempre en mi persona buscaba, como que me faltaba amor. Entonces en la búsqueda que alguien me quisiera, me dejaba hacer lo que fuera con tal de sentirme querida, sentirme importante para alguien.

Pero también, gracias a Dios, siempre me ha gustado leer y enseñar, me eduqué y entendí que lo que me estaba pasando no era normal. Principalmente tenía dos hijos, entonces empecé a pensar en mis hijos y yo decía que eso no era normal para ellos, pero también, habían muchos peros.

Yo no me atrevía a dejar las cosas, porque yo me preguntaba dónde voy a ir con esos niños para que alguien me los abuse también. Entonces mi forma de vivir ese abuso fue haciéndoles saber a mis hijos en que situación vivíamos.

Yo me dejaba abusar a sabiendas de que estaba siendo abusada. Sufría de violencia doméstica y eso no siempre incluye golpes. El nunca me golpeó, pero me hacia sentir sicológicamente …nada..

Me decía: Tu no eres más que una cucaracha que puedo pisar cuantas veces yo quiera y lo yo le creía todo lo que él me decía; yo me sentía como una cucaracha.

El me decía dónde tu vas a ir, quién te va a a querer, tan fea, tan negra y tan gorda.

Bueno, me ponía todas esas cosas al frente y yo decía si todo es así como él dice, nadie me va a querer y solamente él es el que me quiere y por eso tengo que quedarme aquí. Eso estuvo en mi mente siempre y por casi 20 años vivi en esa situación.

¿Cómo decidiste o que fue lo que te hizo salir de la violencia doméstica?

Bueno, si creo que tuve que pensarlo muy bien porque también hay que hacer un hincapié que yo amaba a ese abusador. Definitivamente yo creí que nadie más me iba a querer, y yo me decía, no puedo dejarlo, no puedo vivir sin él.

Aparte de abusador, yo tenía que trabajar mucho para mantener a mis hijos y gracias a Dios mis hijos hicieron carrera universitaria.Yo trabajé y yo decidí Ok yo vivo una situación de violencia domestica, pero eso no es normal, eso tiene que acabar algún día. No sé cuándo, pero esto va a acabar. Era mi meta que eso se tenía que acabar un día. Yo no sabía cuándo sólo tenía que esperar a que mis hijos decidieran por ellos mismos. Esperé hasta que mis muchachos tuvieran 18 años y hablé con ellos y les dije que me iba de la casa. Como ellos conocían la situación, me dijeron mamá tienes razón.

Yo busqué ayuda legal y por orden de un abogado salí de mi casa y entonces me fui a vivir a casa de mi mamá. Pero ahí fue donde yo empecé a sufrir la violencia física.

Este hombre, como me estaba separando, me buscaba, me echaba el carro encima, me jaloneaba, me trataba de golpear y me amenazaba. Yo no podía sacar mi nariz fuera de la casa porque él estaba ahí esperándome.Esas historia son tan largas que todavía hoy, que tengo 10 años de no verle la cara y cuando creo que lo escucho, mi corazón… bueno, me pongo tan nerviosa. Le tengo un miedo terrible.

¿Dónde vive él y sabe que estás en Kentucky?

Vive en Texas y tenemos 10 años que no nos vemos. Si sabe que vivo en Kentucky, pero ahora mismo estamos divorciados. Finalmente me divorcié de él y después de 10 años que no vernos, él no sabe que todavía me causa un pavor, un terror pensar que lo pueda tener al frente de mi un día. Ahora si le tengo más miedo que antes. Por eso te digo, con la violencia doméstica, uno aprende a manejarla, pero eso no se va así de fácil.

Pero te viniste por el desierto, ¿Cuéntanos esa parte de tu historia?

Yo vine ilegalmente a este país. Caminamos, como muchas historias de inmigrantes. Si y lo logré.

¿Cómo llegaste a Kentucky?

Mi hermano estaba aquí y me dijo vente yo te ayudo a venir.

Gracias al apoyo de la familia saliste de la violencia doméstica y ahora María está culminando sus estudios universitarios de “Child Development Education (Educación para el desarrollo infantil). ¿Te gusta lo que estudias?

Me encanta.Yo he aprendido mucho porque me he encontrado a mi misma. Bueno, es increíble ver como yo he superado muchas cosas. Me he encontrado a mi misma y me he dado cuenta quién realmente soy. No me importa tener 50 años. Ahora mismo siento que estoy renaciendo.

Actualmente estás haciendo todo lo que realmente quieres hacer. Pero viviste por 18 años con tu esposo, pensando en tus hijos y ahora estás pensando en ti ¿Dónde están tus hijos?

Mi hijo es dentista y trabaja en un hospital y tiene su propia oficina. Mi hija es una licenciada, gracias a Dios, trabaja para Petróleos. Mis hijos están realizados ahora mismo. Estoy casada nuevamente con un señor americano, un santo del cielo y estoy hiendo a la escuela, estoy en la gloria.

¿Hace 10 años no imaginabas lo que ibas a estar viviendo hoy?

No, nunca. Fijate que he confiado siempre en Dios y nunca me he preocupado en mañana, sólo vivo hoy y trato de sacar lo mejor de hoy. Me encanta divertirme y voy a todos los bailes que puedo. Trabajo en la iglesia de voluntaria, hago todo lo que puedo también y te digo, soy feliz.

María, yo te conozco hace tiempo y veo que trabajas muy duro, pero nosotras sabemos que muchas mujeres que están en silencio, que están todavía viviendo en los 18 años que tu viviste, que no ven futuro, que se sienten como una cucaracha como te decia tu esposo ¿Qué les puedes decir a ellas de tu propio corazón. A esa parte de valorarse para tomar el paso decisivo. ¿Qué le puedes decir a ellas?

Bueno, más que nada que tengan paciencia y esperen porque esto no lo hacen en un día. Muchas veces queremos cambiar el mundo en un día y no se puede, tenemos que tener paciencia y ver lo que estás haciendo cada día por ti misma. Yo siempre les digo a todas las mujeres: Mírense al espejo, realmente ponte en el espejo del baño y preguntate a ti misma: ¿De verdad eres lo que él dice que eres? ¿De verdad eres tan fea como él dice? Mirate y pregúntate todo eso que te dice. Mírate de verdad, que no vales nada. Pregúntate eso y tu misma te vas a dar cuenta que no es así.

Pero gracias al apoyo de tu familia, pudiste salir de la violencia doméstica porque dijiste no más.

Claro, porque cuando tu vienes caminando por el desierto nadie viene contigo, vienes solita y sólo dependes de ti. Porque las personas que vienen a tu lado, cada uno de ellos están viviendo por ellos mismos. Si tu te caes o te sientas a nadie le importa, Así tu tienes que decidir si sales del desierto y ese desierto lo cruzamos todos los días. Aquí mismo en los Estados Unidos.

¿Te refieres a los retos y desafíos que pasamos todos los días los hispanos?

La hermana Juana (Cristo Rey) algunas veces me ha llevado a hablar sobre mi experiencia como inmigrante y yo les digo a todas las personas: Cada día que amanece, que me monto en mi carro, es como empezar a caminar por el desierto, porque en una esquina puede inmigración tomarme y ponerme de regreso. Hay tantos retos en un día.

María prometió contarnos otro día su historia del desierto, pero hoy María habló de violencia doméstica porque nos afecta a todas y María no sólo rompió el ciclo de la violencia doméstica sino también logró cruzar el desierto para lograr su libertad y felicidad.

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