Una amiga me preguntó mientras nos reíamos  tomándonos un cafė-¨¿Por qué  no escribes sobre la depresión invernal que sentimos la mayoría de las mujeres desde comienzos del otoño hasta la primavera?”

Su comentario me paralizó y de pronto sentí como mi sonrisa y mis falsas mejillas coloradas se desvanecían y mostraban el rostro de la  fachada gris.

¨Los días fríos y grises producen un trastorno afectivo emocional¨- explicaba mi sabia amiga – “es una depresión por falta de luz y produce una sensación de insolación, de letargo e irritabilidad. Tienes que hablar de este tema porque afecta a casi el 80% de las mujeres y particularmente en las Latinas que vivimos lejos de nuestras familias porque acentúa la melancolía, el sentido de aislamiento y tristeza”.

Su comentario me puso a pensar y mirando fijamente la taza del café le contesté medio triste:   “Ahora entiendo las noches que paso en vela esperando una serenata que nunca llega y las veces que lloro desconsoladamente como si estuviera viendo el capítulo final de una telenovela.”

Me detuve por unos instantes para contar cuántas veces he sentido que mi rostro muestra la fachada gris y medio frustrada continue mi conversación después de haberme tomado un largo sorbo de café.

“… y lo descolorida que se ven ultimamente mis platillos. El cansancio que me invade y que me hace desfallecer como una doncella en cada esquina de la casa. Sin contar las veces que melancólicamente me arrojó en el sofá para recordar los días felices de mi rostro con la  fachada de color.”

“Bueno”  – respondió mi amiga con una mirada seria- “recuerda que debes mencionar  los efectos que produce la depresión invernal en nuestro estado de ánimo, ya que no sólo acentúa los deseos de comer carbohidratos y dulces, sino también produce un aumento de peso, pérdida del apetito sexual y una propensión al desaliento o el llanto.

De pronto miré a mi amiga y empecé a llorar desconsoladamente.

Mi amiga amablemente me pasó su pañuelo, desanimada lo tomé, me enjuagué las lágrimas y procedí a contarle las razones de mi llanto y súbita tristeza.

“Hoy me enteré que” – me detuve para sonar ruidosamente mi nariz – Peter Parker, tu sabes el famoso Hombre Araña, el Spiderman de las películas taquilleras, lo botaron de su trabajo y ahora el pobre le va a tocar pasar frío en estos días grises sin sol y sin posibilidades de encontrar un trabajo.”

“¡Ayyy nooo!” – exclamó mi amiga y desconsoladas juntas decidimos llorar para así desmaquillar la fachada gris de nuestros rostros y prepararlos para la fachada de color que seguramente tendremos en la primavera.

 

 

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