Me miré en el espejo y con preocupación vi que tenia ojeras, el cabello lucía bastante despeinado y mi rostro tenía una palidez con tonalidad amarillenta que espantaba a cualquiera.  Me sentía cansada, pero tenía que ir  de compras en el Mall (Centro Comercial). Desganada me coloqué una bufanda alrededor de mi cuello, me pusé mi abrigo gris grueso y para subirme el autoestima decidí pintarme los labios de rojo pasión.

Así salí de mi casa luciendo como toda una héroe que ha luchado cada minuto de la noche con un monstruo que se apodera del sueño, pero que lentamente te recuerda que no vale la pena dar vueltas en la cama por una preocupación que se puede solucionar al día siguiente.

Agotada y caminando lentamente como una Zombie llegué al Mall (Centro comercial) y para mis sorpresa vi mi rostro reflejado en una vitrina de una tienda y se veía como … ¡un plato de Huevos Rancheros!¨

Mis ojos parecían dos huevos fritos, mi cabello destartalado lucía como un montón de  lechuga crespa y mis labios lucían  como una fina tira de tomate, tal como las  que colocan para decorar un plato.

Respiré profundo y como toda mujer que sabe lo que es tener el  feo alterado decidí hacer mis compras rápidamente para así evitar ser vista por alguna amiga o conocida.

Todo iba bien, hasta que vi salir de una tienda a La Chica Teflón.

¨¡¡Oh noo!!!¨ – exclamé asustada mientras disimuladamente me escondía detrás de una columna.

La Chica Teflón es una amiga que conozco desde hace mucho tiempo y es una persona que todo se le resbala; nada le molesta ni se le pega, tal y como una cacerola de Teflón.

Me armé de valor y decidí salir detrás de la columna para saludarla. Empecé a caminar hacia donde se encontraba, y ahí como detenida en el tiempo, estaba ella parada mirando el vacío y pude ver su cutis liso como los de comerciales de productos antiarrugas, su cabello con las ondas perfectas y naturales, y con esa tranquilidad que sólo tienen las personas que nada, absolutamente nada, les preocupa ni les quita el sueño.

Me miró asustada como si acababa de ver un  Zombie.  Con una sonrisa tímida me saludó   y me preguntó, “¿En que andas?”

Me paralicé al sentir que mi cansancio o  mi falta de sueño podían mostrar que mis preocupaciones estaban todavía adheridas a mi despelucado cabello o que en mis mejillas se mostraba claramente la forma ergonómica de mi almohada.

La miré y con mi mirada de Huevos Rancheros medio nerviosa le respondí: “Ando en lo que ando, tú sabes…”

De inmediato me mordí la lengua al recordar las famosas palabras de mi madre: “El que explica se complica.”    — Pero viendo la tranquilidad que reflejaba su rostro pensé que cualquier cosa que yo pudiera decir le iba a sonar  muy complicado.

Miré al cielo buscando una solución de último minuto y se me ocurrió la magnífica idea de responderle sin muchas explicaciones, ya que si a ella todo le resbala, para que perder mi tiempo.

Así, con mi cara cara de Zombie le respondí:

“Tu sabes, estoy organizando las entrevistas, equilibrando el presupuesto, pensando en mi nuevo artículo, comprando sólo lo que está en ofertas y ayudando a mi hija con sus tareas. Así ando en la vida y tú, ¿En qué andas?”

Con un rostro que mostraba que la vida se le había resbalado de sus manos y como  estancada en el tiempo en que se usaba Telflón con una tímida sonrisa me respondió:

“Yo todavía pensando en lo que voy hacer con mi vida.”  – me dijo mientras se quitaba unos mechones de su cabello de la frente.

Me arreglé mi despelucada lechuga (cabello) y con mi sonrisa de tira de tomate me despedí deseándole suerte en la búsqueda del ANDO de su vida.

Así con mi mirada de Huevos Rancheros y mi atuendo de Zombie me alejé bailando  Thriller y pensando en todo lo que todavía me faltaba por andar en mi vida.

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Artículo publicado en Mujer Latina Blog el 11 de noviembre del 2009

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