¿A quién se le ocurre hacer un evento justo antes de Halloween?” — me preguntaba en voz alta mientras buscaba en mi closet un vestido para ponerme para la gala anual de la organización más importante de mi ciudad.

“Ahh este puede servir “ – dije en voz alta mientras sacaba mi eterno vestido negro, que viendo el tamaño de mis excesos laterales, este año me entraría con una faja.

El vestido lo coloqué encima de mi cama, y decidí buscar accesorios para resaltar el desgastado y aburrido negro.

“Tal vez si me pongo un collar de perlas largo” – dije mientras buscaba en mi estuche de prendas. Con cuidado lo coloqué encima del vestido y murmuré: “Mmmm..creo que eso me lo puse el año pasado¨.

“Tal vez con un collar de perlas corto” – dije mientras guardaba el collar largo en el estuche y sacaba el collar de perlas corto. Indecisa coloqué el collar encima del vestido y con una sonrisa de triunfo decidí que era el accesorio perfecto.

Feliz me fui tomar un baño y secarme el cabello hasta que quedara brillante, perfectamente alisado y para rematar me rocié con una fina capa de laca para que no se moviera ni un cabello de su sitio.

Me maquillé con cuidado y me pinté los labios rojos. Lentamente me puse las medias panty negras para no romperlas. Me mire al espejo y vi que ya estaba lista para ponerme el vestido negro, pero primero tenia que ponerme una faja para que éste entrara como un guante.

Respiré profundo y comencé a subirme la faja por las piernas, casi me caigo boca abajo. Empecé a sudar al ver que al ponerme la faja se habia puesto un poquito dificil. Poco a poco, respirando lentamente fui subiéndola, y lo que usualmente toma unos minutos, me tomó unos veinte minutos.

“Listo, ya me falta poco” – dije mientras me ponía el vestido negro que sólo me costó un poquito deslizarlo ligeramente por mis ensanchadas caderas.

“Ufffff”- dije al terminar y después de respirar profundamente me coloque el collar de perlas y al mirarme en el espejo grite “Ayyyyyyyyyy” al ver que mi cabello era como si me hubiese electrocutado y mi cara era verde, tal como las de las brujas que estereotipan en estas fechas de Halloween.

Desesperada traté de quitarme la faja para ver si mi cabello volvía a la forma original que me había costado tanto peinar y mi rostro regresaba al tono saludable que tenia antes de colocarme la faja.

Aterrorizada corrí para ver si mi esposo me ayudaba a quitar la bendita faja. Con desaliento decidimos tomar un descanso para reunir fuerzas para volver al arduo trabajo de remover la apretada faja.

Viendo mi cabello puntiagudo y mi rostro verde, mi esposo se retiro sin decir nada dejándome petrificada mientras me miraba asombrada en el espejo.

En silencio, regreso con dos antenas hechas de papel de aluminio y dijo: “En vista de las circunstancias, te prefiero ver como una marciana que como una bruja con faja…”

Lorena

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