HOJA INFORMATIVA: Desarrollo de los Valores Compartidos para un Mundo Mejor

Hoy el Presidente recibió en la Casa Blanca a Su Santidad, el Papa Francisco, y le agradeció por las maneras en las que él inspira a las personas alrededor del mundo a dedicarse a la justicia, piedad, compasión, en particular hacia los marginados. El Presidente y el Papa Francisco discutieron sus valores y compromisos compartidos en una amplia variedad de cuestiones, que incluyen la responsabilidad moral de proporcionar refugio a las personas que se ven obligadas a huir de sus países de origen; la creencia de que tenemos la obligación de aprovechar la oportunidad histórica de poner fin a la pobreza extrema en una generación; la convicción de que todos los miembros de la familia humana valen lo mismo y tienen valor infinito, y que deben tener la oportunidad de procurar futuros seguros y productivos para sí mismos; la creencia de que la reconciliación puede ocurrir no solo entre personas, sino también entre las naciones; la convicción de que hay que asegurar el derecho inalienable de todas las personas a practicar su fe de acuerdo a los dictados de la conciencia, y oponerse a los que son sujetan a personas a violencia, persecución o discriminación por razón de su religión; y el deber de administrar los recursos de la tierra hoy en día de una manera que le permita a nuestros hijos y nietos vivir su vida en abundancia para el futuro.

Para conmemorar esta reunión histórica y desarrollar estos valores y objetivos compartidos, el Presidente asume las siguientes iniciativas:

Solidaridad con la gente en crisis

El número de víctimas de las crisis humanitarias mundiales es enorme. Más de 100 millones de personas en todo el mundo están afectadas por los conflictos, inseguridad alimentaria y desastres naturales. Las personas que enfrentan más peligro alrededor del mundo incluye a las minorías religiosas y a la gente perseguida por sus creencias políticas. Tan solo en el Medio Oriente, 36.5 millones de personas requieren ayuda humanitaria debido a conflictos en Yemen, Siria e Irak. Sudán del Sur y Yemen están al borde de la hambruna. De forma súbita, el terremoto de Nepal dañó o destruyó 750,000 hogares, y aún hay familias y comunidades en el África Occidental que siguen recuperándose de los impactos sociales y económicos del ébola. Tenemos una responsabilidad colectiva de no solo ayudar a los que necesitan, sino de trabajar juntos para resolver las causas fundamentales de los conflictos y asegurarnos que toda la gente tenga acceso a oportunidades económicas. Estados Unidos tiene una larga historia de ayudar a gente en tiempos de crisis. El gobierno de EE. UU. es el donante humanitario más grande del mundo, que ha proporcionado más de $6.5 mil millones este año en alimentos para salvar vidas, atención médica, agua y refugio, y esto no incluye nuestra respuesta al brote de ébola en África Occidental. Los llamados de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han sobrepasado los $19 mil millones en el 2015, y solo han recibido el 40 por ciento del financiamiento requerido para resolver las necesidades básicas humanas. Estados Unidos insta a la comunidad internacional a contribuir de forma más sólida a los llamados humanitarios de la ONU y a las organizaciones no gubernamentales que responden ante las crisis, y que trabajan juntos para coordinar la ayuda.

· Proveyendo refugio a los más vulnerables: Desde su fundación, los Estados Unidos ha ofrecido libertad y oportunidades a los refugiados que huyen de las situaciones más peligrosas y desesperadas del mundo. El Programa de Admisión de Refugiados de EE. UU. refleja los valores centrales de los Estados Unidos y nuestra tradición sólida de proporcionar un refugio seguro a los oprimidos. Como respuesta ante los niveles históricos de desplazamiento de refugiados alrededor del mundo, Estados Unidos tiene la intención de aumentar el número de refugiados que la nación restablece anualmente, incrementándolo del nivel de 70,000 de los años pasados. En el año fiscal 2016, Estados Unidos tiene el objetivo de admitir al menos de 85,000 refugiados, incluyendo por lo menos 10,000 refugiados sirios. Para el año fiscal 2017, Estados Unidos tiene planeado ampliar el programa aún más a un mínimo de 100,000 refugiados. Para ampliar el acceso al programa, Estados Unidos también extenderá el número de ubicaciones de procesamiento, que incluirán Erbil, Irak, y trabajará para agregar otras ubicaciones con altos números de refugiados y otras personas desplazadas.

· Ayudando a brindar apoyo a los sirios: Estados Unidos está comprometido a brindar ayuda humanitaria a las poblaciones que sufren crisis, incluyendo a los sirios que han sido desplazados dentro de su propio país y a aquellos que han procurado refugio en países vecinos. Como el donante individual más importante en abordar la crisis de Siria, estamos comprometidos a continuar brindando asistencia a los sirios, y el 21 de septiembre anunciamos una partida adicional de $419 millones en ayuda humanitaria. Desde el inicio de la crisis, Estados Unidos ha proporcionado más de $4.5 mil millones en ayuda humanitaria a los afectados por el conflicto. Esta asistencia proporciona atención médica, comida, agua y necesidades básicas a las personas que sufren en las 14 gobernaciones de Siria y cerca de $2.3 mil millones están dirigidos a brindar apoyo directo a los refugiados sirios que se encuentran en los países vecinos.

· Protección de poblaciones minoritarias en Oriente Medio: En Irak y Siria, donde ISIL ha perseguido despiadadamente a los grupos minoritarios, incluyendo las minorías religiosas, Estados Unidos encabeza una coalición internacional que tiene como objetivo debilitar, vencer y en última instancia destruir a ISIL. Además de la campaña militar, estamos trabajando con el fin de posibilitar que los grupos minoritarios y otras personas desplazadas puedan volver a sus hogares en las zonas liberadas del control de ISIL. El 15 de septiembre, el Departamento de Defensa aprobó un presupuesto de hasta $75 millones para suministros de asistencia dirigidos a ayudar a resolver las necesidades inmediatas de socorro de los iraquíes desplazados, incluyendo los grupos minoritarios. La Administración ha nombrado a un Asesor Especial para Minorías Religiosas en Oriente Próximo y Sur y Centro de Asia, quien ayudará a garantizar que las necesidades urgentes de estas comunidades se tomen en cuenta al planificar nuestras intervenciones militares y humanitarias, y que nuestras iniciativas multifacéticas dirigidas a ayudar a estas comunidades a regresar a sus territorios ancestrales se implementen tan pronta y eficazmente como sea posible. Estados Unidos aboga por la prestación de asistencia de estabilización por parte de la comunidad internacional para abordar las necesidades específicas de las zonas pobladas por minorías y liberadas del control de ISIL. Estamos trabajando para crear mayor seguridad para las comunidades minoritarias como parte de nuestra colaboración general con el Gobierno de Irak en materia de seguridad, y respaldaremos la integración de las unidades de autodefensa de estas comunidades en la estructura formal de seguridad nacional, en colaboración con las autoridades kurdas e iraquíes. Asimismo, Estados Unidos está en proceso de nombrar a un Coordinador Especial para las Minorías de Irak, que tendrá su oficina en la embajada estadounidense en Bagdad. Dicha persona actuará en representación de EE. UU. como defensor de alto nivel de las comunidades minoritarias para respaldar la inclusión de grupos vulnerables y marginalizados en las estructuras formales de seguridad, la reconstrucción posterior a ISIL y los programas de reconciliación. El 8 de septiembre pasado, Estados Unidos participó en la Conferencia de París sobre las víctimas de violencia religiosa y étnica en el Medio Oriente junto a más de 50 países y numerosas ONGs, en la que se reconoció la necesidad urgente de preservar y proteger a las comunidades y culturas que se encuentran amenazadas en Irak y Siria.

· Conferencia sobre minorías religiosas en el Medio Oriente y el Sur y Centro de Asia: La protección de las minorías religiosas no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos. La sociedad civil también tiene un papel importante que cumplir, y esto incluye a las organizaciones religiosas. Teniendo esto en cuenta, este invierno el Departamento de Estado organizará una Conferencia sobre la protección de minorías religiosas en el Medio Oriente y el Sur y Centro de Asia. La conferencia reunirá a los líderes religiosos y de la sociedad civil con funcionarios de alto nivel del gobierno para centrarse en movilizar recursos adicionales y desarrollar medidas prácticas dirigidas a proteger a las comunidades religiosas vulnerables, tanto aquellas que residen en zonas convulsionadas por guerras en la actualidad como las que se encuentran en una situación de vulnerabilidad aunque su país esté en paz. Ninguna sociedad puede tener verdadero éxito a menos que garantice los derechos de todos sus integrantes, incluidas las minorías religiosas.

· Promover la libertad religiosa a nivel internacional: Promover y proteger la libertad religiosa es un objetivo clave de la política exterior de EE. UU. En reconocimiento del papel cada vez más importante que tiene la religión en los asuntos internacionales y la importancia fundamental de la libertad religiosa y de conciencia como un derecho humano universal, el Departamento de Estado va a ampliar la formación del cuerpo diplomático en materia de control y defensa de la libertad religiosa. Esta formación se llevará a cabo tanto en Washington como en las diferentes regiones. De manera simultánea a la visita del Papa Francisco a la Casa Blanca, en Bangkok (Tailandia) se está llevando a cabo la primera de una serie de conferencias regionales sobre libertad religiosa para personal diplomático, y organizaremos más conferencias en otras regiones en los próximos años. Asimismo, el Departamento de Estado está trabajando para ampliar el contenido de la formación de los diplomáticos de carrera de alto nivel y nivel intermedio en todo el mundo en materia de protección y promoción de la libertad religiosa. Estados Unidos seguirá defendiendo el derecho universal de todas las personas de profesar sus religiones en paz y en libertad.

· Cooperación con Cuba en materia de atención médica en Haití: el Papa Francisco tuvo un papel fundamental en el fomento de las negociaciones que llevaron al acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, y seguiremos buscando su apoyo en nuestro trabajo para avanzar la relación bilateral. Como comentó el Presidente Obama, “El ejemplo moral del Papa nos muestra la importancia de querer conseguir un mundo como debe ser, en lugar de simplemente conformarnos con el mundo tal como es”. Estados Unidos y Cuba tienen intereses compartidos, entre los que se encuentran la salud y el bienestar del pueblo de Haití. Los profesionales médicos de EE. UU. y Cuba actuaron de manera conjunta durante la escala del USNS Comfort en Haití, lo cual incluyó trabajar juntos en un hospital católico. Al igual que nuestra colaboración previa en la lucha contra el ébola, esta fue una oportunidad única para establecer vínculos con los profesionales médicos cubanos y estudiar oportunidades de colaboración en el futuro. Esta cooperación demuestra que la continuación de la normalización de nuestras relaciones con Cuba nos puede ayudar a promover nuestros intereses en el continente americano.

· Ayudar a los jóvenes en situación de riesgo en Centroamérica: conforme a un proceso de adjudicación competitivo, el Departamento del Trabajo ha otorgado una subvención de $13 millones a Catholic Relief Services para un proyecto que proporcionará formación esencial a los jóvenes en situación de riesgo de unirse a pandillas en El Salvador y Honduras para que en vez de eso puedan encontrar puestos de trabajo. El programa de cuatro años de duración, llamado Youth Pathways – Central America (Caminos para la Juventud: Centroamérica), proporcionará servicios de capacitación y empleo a aproximadamente 5,100 jóvenes de familias de bajos ingresos con edades entre los 14 y los 20 años que residen en comunidades con altos índices de violencia. Además, alrededor de 2,000 familiares de dichos jóvenes se beneficiarán de los servicios de capacitación y apoyo holístico. Esta subvención forma parte del núcleo de la solicitud de $1,000 millones del Presidente Obama para la estrategia de participación de EE. UU. en Centroamérica. Esta estrategia pretende abordar las causas principales de la emigración en El Salvador, Honduras y Guatemala y se centra en tres pilares fundamentales: prosperidad, buena administración gubernamental y seguridad.

Promoción del desarrollo sostenible

Este año constituye un momento crucial para el desarrollo global. Los líderes mundiales se reunirán para avanzar en tres negociaciones clave: economía del desarrollo, establecimiento de una nueva agenda de desarrollo y cambio climático. Esto presenta una oportunidad de demostrar nuestro compromiso a invertir en un futuro mejor para los niños del mundo y asegurar que todas las personas sean capaces de vivir de forma digna y libres de la miseria.

Objetivos del desarrollo sostenible (Sustainable Development Goals, SDG): Esta semana se reunirán un grupo de líderes mundiales en Nueva York para adoptar el Programa para el Desarrollo Sostenible de 2030. Este programa es una continuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y presenta una visión y el compromiso compartido de 193 países de conseguir un camino común para reducir la pobreza y aumentar las oportunidades en los próximos 15 años. Este programa representa una visión ambiciosa de futuro para erradicar la pobreza extrema, expandir la paz y la buena gobernación, combatir la desigualdad y la discriminación y elevar la calidad de vida de las personas más vulnerables. Consagra nuestra responsabilidad moral de asegurar que todas las personas tengan acceso a oportunidades económicas, las herramientas que necesitan para cambiar su vida, y la dignidad que es posible alcanzar cuando la gente puede imaginar y conseguir un futuro productivo y seguro. Conseguir estos objetivos podría reducir drásticamente la pobreza, y refleja un compromiso por cumplir los ideales y las aspiraciones de nuestro pueblo. La base está en el compromiso que tenemos por la propiedad privada local y la responsabilidad compartida.

Acabar con la pobreza extrema: Si reunimos nuestra voluntad política, tenemos las herramientas, los conocimientos y las tecnologías necesarias para acabar con la pobreza extrema en un plazo de dos décadas. Contamos con un progreso ya en curso; las tasas de pobreza agregadas están en descenso en todas las regiones del mundo; hay 700 millones de personas menos que viven en la pobreza hoy que en 1990. No obstante, el reto sigue siendo enorme, con 1,200 millones de personas que todavía viven en la pobreza extrema. Pero si la comunidad internacional acelera el progreso y consigue cambiar el curso en algunos de los entornos más difíciles, creemos que podremos reducir ese número en 1,000 millones para el año 2030. Las políticas de desarrollo y la creación de iniciativas de desarrollo importantes lideradas por Estados Unidos existen sobre la base de que luchar contra la pobreza extrema y fomentar el crecimiento sostenible e inclusivo, dar acceso por igual a las oportunidades, y crear gobiernos transparentes y justos están bajo el mismo abanico de nuestra misión. Para perfeccionar aún más esa misión, la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (Agency for International Development, USAID) anunció esta semana su nueva visión para acabar con la pobreza extrema que expone nuestra definición de la pobreza extrema; nuestro entendimiento de lo que ha impulsado el progreso; un análisis de las tendencias y los retos pertinentes; y un marco estratégico para el compromiso continuo de USAID hacia esta misión. Esto se presenta en un momento histórico, en el que contamos con un consenso bipartidista cada vez mayor en Estados Unidos con respecto a la importancia del desarrollo, el apoyo y el compromiso del pueblo estadounidense que apoya el desarrollo, y de líderes de la sociedad civil, nuestro sector de ONG, la comunidad religiosa, fundaciones y el sector privado. El 22 de septiembre, USAID convocó un evento con líderes religiosos y otras partes interesadas llamado La fe funciona: unión para promover la paz, la prosperidad y el desarrollo en todo el mundo. En dicho evento, funcionarios de la administración de alto rango y líderes religiosos y de la sociedad civil compartieron su visión para acabar con la pobreza extrema, la importancia de la visita del Papa para conseguir este objetivo, y el papel que desempeñan las organizaciones religiosas, de desarrollo y de asistencia humanitaria a la hora de promover la paz y la prosperidad en todo el mundo.

Proteger nuestro hogar común

En su reciente carta encíclica, Laudato si’, el Papa Francisco pide actuar en todos los niveles para proteger nuestro hogar común: a nivel mundial mediante tratados y cooperación entre los gobiernos; a nivel nacional a través de incentivos, legislación y regulación; y a nivel local y comunitario. Para citar al Papa Francisco, “El desafío urgente de proteger nuestro hogar común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar… Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo cómo estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos”. Después declara que “El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas. Plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad”.

El Presidente Obama se compromete a enfrentarse a este desafío y buscar soluciones viables y justas para enfrentarnos a la erosión ecológica de nuestro planeta, sobre todo con respecto al cambio climático, en una forma que también se proteja a las poblaciones vulnerables y aquellos que viven en la pobreza. El Presidente cree que tenemos la responsabilidad moral de dejar a las generaciones futuras un planeta que no esté contaminado ni dañado y recientemente dijo, “Con respecto a este tema, de todos los temas, existe la posibilidad de llegar demasiado tarde. Ese momento casi ha llegado… eso es lo que tenemos que comunicarle al pueblo, mañana, pasado mañana y el día después”. Durante su primer año de mandato el Presidente Obama prometió que para el año 2020, Estados Unidos reduciría sus emisiones de gas de efecto invernadero cerca del 17 % por debajo de los niveles de 2005 si todas las demás economías principales acordaran limitar también sus emisiones. Para reforzar ese compromiso, en junio de 2013, el Presidente lanzó su Plan de Acción Climática, que consiste de tres pilares: reducir la contaminación de carbono en Estados Unidos, preparar a Estados Unidos para los efectos del cambio climático y ser los líderes en la lucha contra el cambio climático y la mitigación de sus efectos. El Presidente seguirá su camino para poner en marcha el plan, lo que incluye implementar el Plan de Energía Limpia de Estados Unidos, el cual establecerá la primera normativa para limitar la contaminación de carbono de las centrales eléctricas, que representa la principal fuente única de emisiones de carbono en Estados Unidos; aumentar el acceso a energía limpia para todas las personas que viven en Estados Unidos; conseguir el objetivo a todos los niveles de la economía de reducir para 2025 las emisiones en un 26 a 28 % por debajo de los niveles de 2005; y trabajar con líderes de todo el mundo para conseguir un tratado duradero y ambicioso en el congreso climático de este año en París. La Administración también realizará una serie de esfuerzos domésticos e internacionales para tratar el cambio climático.

En nuestro camino por enfrentarnos al cambio climático con medidas federales, la Administración también está trabajando con un número cada vez mayor de líderes y organizaciones no gubernamentales que promueven la resistencia climática en casa y en el extranjero. Hoy, la Administración destaca algunos de esos esfuerzos colaborativos:

Promover la resistencia climática en todo el mundo: Hoy, la Administración va a anunciar que los Servicios de Asistencia Católica (Catholic Relief Services, CRS) se va a unir a la iniciativa de Servicios Climáticos para el Desarrollo Resistente (Climate Services for Resilient Development, CSRD) como un socio contribuyente. CSRD es una asociación público-privada internacional que lanzó USAID este verano con otros asociados fundadores: Cruz Roja de Estados Unidos, Asian Development Bank, Esri, Google, Banco Inter-Americano de Desarrollo, Skoll Global Threats Fund y el Gobierno del Reino Unido. La visión de la asociación es identificar los medios más eficaces de crear y proporcionar, por el bien del público, datos climáticos que sean puntuales y útiles, al igual que herramientas y servicios de información que estén propulsados por las necesidades y exigencias identificadas por el usuario final. Esta asociación depende de la fortaleza y los recursos de organizaciones públicas, privadas, filantrópicas, no gubernamentales, instituciones multilaterales y académicas. CRS capitalizará sobre la gran base de socios que tiene, que incluye otras organizaciones religiosas y no religiosas y enlaces directos a granjeros y a servicios de extensión, para crear los servicios climáticos necesarios que cumplan con las necesidades de adaptación y que ayuden a conectar la información técnica sobre el clima a los desafíos locales de desarrollo. CRS también aprovechará los recursos y programas sobre el clima que ya tienen para crear herramientas e información para apoyar el trabajo de CSRD. El enfoque multiparticipativo de CRS, que unifica los sectores de investigación, públicos, privados y no gubernamentales, facilitará el aprendizaje compartido y la diversidad de perspectivas necesarias para el éxito a la hora de proveer servicios climáticos.

Desarrollo de la justicia climática y la preparación en el país: Una serie de agencias federales está tomando nuevas medidas de asociación con las organizaciones no gubernamentales, que incluyen grupos religiosos y comunitarios diversos, para promover la justicia ambiental y la adaptación al cambio climático en el país. El Grupo de Trabajo Interinstitucional de los Campeones de Acciones Climáticas (Climate Action Champions Interagency Working Group, IWG) está desarrollando un seminario web y otras herramientas para compartir información con las organizaciones religiosas y comunitarias, en particular en las comunidades locales y tribales que se seleccionaron a través de un proceso competitivo en reconocimiento por su fuerte compromiso para reducir la contaminación de carbono y su preparación para los impactos del cambio climático. Las organizaciones religiosas y comunitarias, incluida Caridades Católicas USA (CCUSA), una red nacional que atiende a personas de bajos ingresos y vulnerables, planean trabajar a través de filiales locales en estas comunidades para usar las herramientas del IWG para convocar conversaciones sobre las formas de apoyar los objetivos de la iniciativa. También, durante el próximo año, el Grupo de Trabajo Interinstitucional Federal sobre Justicia Ambiental (Federal Interagency Working Group on Environmental Justice, EJIWG) colaborará con CCUSA y otras organizaciones no gubernamentales para aumentar el conocimiento de los impactos del cambio climático en las comunidades agobiadas y desatendidas, y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Federal Emergency Management Agency, FEMA) trabajará con organizaciones religiosas y comunitarias para hacer que la información para la preparación para desastres sea más accesible para las poblaciones vulnerables y aumentar la preparación de todo tipo de planificación ante peligros para los centros de culto.

ENERGY STAR de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (Environmental Protection Agency, EPA) está trabajando con más de 1,500 congregaciones diversas, que incluyen las cristianas, judías, musulmanas, hindú y budistas, así como con organizaciones no lucrativas y grupos comunitarios, para ahorrar dinero y prevenir la contaminación a través de mayor eficiencia en el consumo de energía y agua. Estas organizaciones se han comprometido a proteger el medio ambiente y a mejorar su salud financiera a través de la mejora continua de la eficiencia energética en sus respectivas instalaciones, y para educar a su personal y a la comunidad para ayudar a preservar el medio ambiente para las futuras generaciones. EPA proporcionó seminarios web dedicados y apoyo técnico enfocado para una amplia gama de organizaciones, que incluyen GreenFaith, Interfaith Power and Light, Christian Reform Congregations, Seventh Day Adventists, Blessed Tomorrow, U.S. Green Building Council y Archdiocese of Chicago. EPA también ha trabajado con la Red Ambiental Evangélica y otros cuerpos religiosos para desarrollar el libro de trabajo de ENERGY STAR para las congregaciones. Además, EPA ha colaborado con grupos sin fines de lucro y comunitarios, que incluyen a Esperanza Capacity Institute, Green for All, ecoAmerica y Chicago Salvation Army. ENERGY STAR de EPA también ayudó a planificar un evento de Campeones del Cambio de la Casa Blanca 2015 que se enfocó en el cambio climático, en donde líderes de las tradiciones islámicas, evangélicas, hindús, católicas, judías y bautistas fueron reconocidos por reverdecer las comunidades y educar a otros sobre las implicaciones morales y de justicia social del cambio climático. Durante el año pasado, ENERGY STAR ayudó a desarrollar el “Desafío de administración de alimentos” para ayudar a las congregaciones y comunidades a “alimentar a personas, no a los vertederos”. Esta iniciativa es importante para el medio ambiente porque a medida en que se descompone la comida desperdiciada, se convierte en metano, que es un gas de efecto invernadero que es 25 veces más potente que el dióxido de carbono.

La Corporación para el Servicio Nacional y Comunitario (Corporation for National and Community Service, CNCS) ampliará Resilience AmeriCorps en colaboración con Caridades Católicas USA (CCUSA), un patrocinador existente de AmeriCorps VISTA. La Fundación Rockefeller proporcionará capacitación continua y soporte técnico, y la expansión también aprovechará la experiencia de otros socios federales, que incluyen a la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional y la EPA. El programa de Resilience AmeriCorps recluta, entrena e integra a los miembros de AmeriCorps VISTA en comunidades de todo el país, en donde los efectos del cambio climático se sienten con mayor gravedad, para ayudar a las comunidades a desarrollar planes de preparación y ayudar a los líderes locales a medida que planifican y se enfrentan a los impactos de los fenómenos meteorológicos extremos. CNCS, la agencia federal que administra AmeriCorps, en asociación con la Fundación Rockefeller, Cities of Service, NOAA, EPA y DOE lanzaron el programa Resilience AmeriCorps en julio. El 20 de agosto, CNCS y sus socios anunciaron la selección de diez lugares piloto para la primera serie de Resilience AmeriCorps. A través de la ampliación anunciada hoy, los miembros de AmeriCorps VISTA serán enviados a entre cinco y siete lugares adicionales para ayudar a que las comunidades con poblaciones significantes de inmigrantes y refugiados se vuelvan más fuertes. Estos miembros de AmeriCorps VISTA desarrollaran planes para cumplir con las necesidades de comunidades inmigrantes durante desastres, lo que incluye mejorar el acceso a traducciones para los servicios necesarios y para reducir otras barreras para recibir ayuda.

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THE WHITE HOUSE
Office of the Press Secretary
FOR IMMEDIATE RELEASE
September 23, 2015

FACT SHEET: Advancing Shared Values for A Better World

Today the President hosted His Holiness Pope Francis at the White House and thanked him for the ways in which he is inspiring people around the world to embrace justice, mercy, and compassion, particularly toward those who have been marginalized. The President and Pope Francis discussed their shared values and commitments on a wide range of issues, including our moral responsibility to provide refuge for people who are forced to flee from their homelands; the belief that we have an obligation to seize the historic opportunity to end extreme poverty within a generation; the conviction that all members of the human family have equal value and infinite worth and should have the opportunity to realize safe and productive futures for themselves; the belief that reconciliation can happen not only between people but also between nations; the conviction that we must secure the unalienable right of all people to practice their faith according to the dictates of conscience, standing against those who would target people for violence, persecution, or discrimination based on their religion; and the duty to manage the resources of the earth today in such a way that will allow our children and grandchildren to live their lives abundantly tomorrow.

To mark this historic meeting and advance these shared values and objectives, the President is pursuing the following initiatives:

Solidarity with People in Crisis

The human toll of the world’s humanitarian crises is staggering. Over 100 million people around the world are beset by conflict, food insecurity, and natural disasters. Around the world, the people at greatest risk include religious minorities and people persecuted for their political beliefs. In the Middle East alone, 36.5 million people require humanitarian aid due to the conflicts in Yemen, Syria, and Iraq. South Sudan and Yemen are on the brink of famine. In an instant 750,000 homes were damaged or destroyed in the Nepal earthquake, and families and communities in West Africa are still recovering from the social and economic impacts of Ebola. We have a collective responsibility not only to help those in need, but to work together to address the root causes of conflict and to ensure that all people have access to economic opportunity. The United States has a long history of assisting people in times of crisis. As the world’s largest humanitarian donor, the U.S. Government has provided over $6.5 billion in life-saving food, healthcare, water, and shelter this year, not including our response to the outbreak of Ebola in West Africa. United Nations (UN) appeals have surpassed $19 billion in 2015, and have received only 40 percent of the required funding to address basic humanitarian needs. The United States urges the international community to contribute more robustly to UN humanitarian appeals and to non-governmental organizations responding to these crises, and work together to coordinate assistance.

· Providing Refuge to the Most Vulnerable: Since its founding, the United States has offered freedom and opportunity to refugees fleeing the world’s most dangerous and desperate situations. The U.S. Refugee Admissions Program reflects the core values of the United States and our strong tradition of providing a safe haven for the oppressed. In response to the historic levels of refugee displacement around the world, the United States intends to increase the number of refugees the nation resettles annually, up from the 70,000 level of recent years. In Fiscal Year 2016, the United States aims to admit at least 85,000 refugees, including at least 10,000 Syrian refugees. In Fiscal Year 2017, the United States projects further expanding the program to a minimum of 100,000 refugees. In order to broaden access to the program, the United States will also expand the number of processing locations to include Erbil, Iraq, and work to add other locations with high numbers of refugees and other displaced persons.

· Helping Support Syrians: The United States is committed to providing humanitarian relief to those in crisis, including Syrians displaced within their own country, and those sheltering in neighboring countries. As the single largest donor to address the Syrian crisis, we are committed to continuing to provide relief to Syrians, and on September 21 announced an additional $419 million in humanitarian assistance. Since the beginning of the crisis, the United States has provided over $4.5 billion in humanitarian assistance to those affected by the conflict. This assistance provides healthcare, food, water, and basic necessities to people suffering in all 14 Governorates of Syria and with nearly $2.3 billion directly supporting Syrian refugees in neighboring countries.

· Protecting Minorities in the Middle East: In Iraq and Syria, where ISIL has brutally targeted minority groups in particular, including religious minorities, the United States is leading a global coalition that seeks to degrade, defeat, and ultimately destroy ISIL. Beyond the military campaign, we are working to enable minorities and other displaced individuals to return to their homes in areas reclaimed from ISIL. On September 15, the Department of Defense approved up to $75 million for relief supplies to help address immediate lifesaving needs for displaced Iraqis, including minorities. The Administration has appointed a Special Advisor for Religious Minorities in the Near East and South and Central Asia, who will help ensure that the urgent needs of these communities are taken into consideration in our military and humanitarian planning, and our multi-pronged efforts to assist in the return of these communities to their ancestral homes are implemented as expeditiously and efficiently as possible. The United States is advocating for international stabilization assistance to address the specific needs of minority-populated areas reclaimed from ISIL. We are working to create greater security for minority communities as part of our overall security assistance to the Government of Iraq, and will support the integration of these communities’ self-defense units into the formal national security architecture in cooperation with Iraqi and Kurdish authorities. The United States is also designating a Special Coordinator for Iraq’s Minorities, based at U.S. Embassy Baghdad, providing a high-level U.S. advocate for minority communities to support the inclusion of vulnerable and marginalized groups in formal security structures, post-ISIL reconstruction, and reconciliation programs. The United States, alongside over 50 countries and numerous NGOs, participated in the September 8 Paris Conference on Victims of Religious and Ethnic Violence in the Middle East, which recognized a pressing necessity to protect and preserve those communities and cultures threatened in Iraq and Syria.

· Conference on Religious Minorities in the Middle East and South and Central Asia: The protection of religious minorities is not solely the province of governments. Civil society, including faith-based groups, has an important role to play as well. With this in mind, the Department of State will hold a conference on the Protection of Religious Minorities in the Middle East and South and Central Asia this winter. The conference will bring together civil society and religious leaders with senior government officials to focus on mobilizing additional resources and developing practical steps to protect vulnerable religious communities, both those in areas currently convulsed by war, and those who remain vulnerable in countries still at peace. No society can truly succeed unless it guarantees the rights of all its peoples, including religious minorities.

· Promoting International Religious Freedom: Promoting and protecting religious freedom is a key objective of U.S. foreign policy. In recognition of the increasingly important role that religion is playing in international affairs, and of the core importance of freedom of religion and conscience as a universal human right, the State Department is expanding training for its diplomats on how to monitor and advocate for religious freedom through both regional and Washington-based training opportunities. Concurrent with the visit of Pope Francis to the White House, the first in a series of regional conferences on religious freedom for diplomatic personnel is taking place in Bangkok, Thailand, and additional conferences will be scheduled for other regions over the next couple of years. The State Department is also working to expand content on protecting and promoting religious freedom around the world in training for mid and senior level career diplomats. The United States will continue to stand for the universal right of all people to practice their faiths in peace and in freedom.

· Cooperation with Cuba on Haiti Health Care: Pope Francis was instrumental in encouraging talks that led to the U.S.-Cuba rapprochement, and we will continue to seek his support as we proceed with the bilateral relationship. As President Obama said, “The Pope’s moral example shows us the importance of pursuing the world as it should be, rather than simply settling for the world as it is.” The United States and Cuba share common interests, among them the health and welfare of the people of Haiti. U.S. and Cuban medical professionals collaborated during the USNS Comfort’s stop in Haiti, including working together at a Catholic hospital. As with our previous cooperation on Ebola, this provided a unique opportunity to engage with Cuban medical professionals and to discuss opportunities for future cooperation. This cooperation demonstrates how our continued normalization of relations with Cuba can help us advance our interests in the Americas.

· Helping At-Risk Youth in Central America: Pursuant to a competitive awards process, the Department of Labor is making a $13 million grant to Catholic Relief Services for a project in El Salvador and Honduras providing critical skills to youth at risk of joining gangs so that they can instead join the workforce. The four-year program, called Youth Pathways – Central America, will provide training and employment services to approximately 5,100 low-income individuals ages 14 to 20 who reside in communities with high rates of violence. In addition, nearly 2,000 of the youths’ family members will benefit from training and holistic support services. This award is at the heart of President Obama’s $1 billion request for the U.S. Strategy for Engagement in Central America. This strategy will aim to address the root causes of migration in El Salvador, Honduras, and Guatemala and focus on three major pillars: prosperity, governance, and security.

Promoting Sustainable Development

This year marks a pivotal moment for global development. Global leaders will be gathering for three key negotiations – on development finance, a new development agenda, and climate change – which present the opportunity to demonstrate our commitment to investing in a better future for the world’s children, and to ensure that all people are free from want and are able to live with dignity.

Sustainable Development Goals (SDGs): World leaders will gather in New York this week to adopt the 2030 Agenda for Sustainable Development – the successor framework to the Millennium Development Goals – which sets out a vision and shared commitment by 193 countries to pursue a common path to reducing poverty and increasing opportunity over the next 15 years. This Agenda represents an ambitious forward-looking vision to eradicate extreme poverty, expand peace and good governance, combat inequality and discrimination, and raise the living standards of the most vulnerable. It enshrines our moral responsibility to ensure that all people have access to economic opportunity, the tools they need to change their lives, and the dignity that is possible when people can imagine and realize a productive and safe future. The pursuit of these goals could dramatically reduce poverty, and reflects a commitment to live up to the ideals and aspirations of all of our people and is grounded in a commitment to local ownership and shared responsibility.

Ending Extreme Poverty: If we marshal our political will, we have the tools, knowledge, and technologies necessary to end extreme poverty within two decades. There is progress upon which to build; aggregate poverty rates are now falling for every region of the world, and there are 700 million fewer people living in extreme poverty today than in 1990. Nonetheless, the challenge is still enormous, with 1.2 billion people still living in extreme poverty. But if the international community accelerates progress and achieves critical turnarounds in some of the most challenging environments, we believe that we can reduce that number by one billion by 2030. The development policy of and major development initiatives led by the United States are built on the premise that fighting extreme poverty and fostering sustained and inclusive growth, equal access to opportunity, and open and fair governance are one and the same mission. To further sharpen that mission, the United States Agency for International Development (USAID) released this week its new Vision for Ending Extreme Poverty that sets forth our definition of extreme poverty; our understanding of what has driven progress; an analysis of pertinent trends and challenges; and a strategic framework for USAID’s ongoing commitment to this mission. Its release takes place at an important historical juncture, when we enjoy a growing bipartisan consensus in the United States on the importance of development, the support and engagement of the American people in support of development, and leadership from civil society, our NGO sector, the faith community, foundations, and the private sector. On September 22, USAID hosted an event with religious leaders and other stakeholders, entitled, Faith Works: Partnering to Advance Peace, Prosperity, and Development Around the World. At the event, senior administration officials and religious and civil society leaders discussed their vision for ending extreme poverty, the importance of the papal visit to this goal, and the role that faith-based, development and humanitarian relief organizations play in advancing peace and prosperity around the world.

Protecting our common home

In Pope Francis’s recent encyclical, Laudato Si, he calls for action at every level to protect our common home: globally through treaties and cooperation among governments; nationally through incentives, legislation, and regulation; and at the local and community levels. As Pope Francis says, “The urgent challenge to protect our common home includes a concern to bring the whole human family together to seek a sustainable and integral development, for we know that things can change… I urgently appeal, then, for a new dialogue about how we are shaping the future of our planet. We need a conversation which includes everyone, since the environmental challenge we are undergoing, and its human roots, concern and affect us all.” Later he states, “Climate change is a global problem with grave implications: environmental, social, economic, political, and for the distribution of goods. It represents one of the principal challenges facing humanity in our day.”

President Obama is committed to meeting this challenge by finding viable and just solutions to address the erosion of our planet’s ecology, in particular climate change, in ways that also protect poor and vulnerable populations. The President believes we have a moral obligation to leave future generations a planet that is not polluted or damaged and recently said, “On this issue, of all issues, there is such a thing as being too late. That moment is almost upon us… That’s what we have to convey to our people — tomorrow, and the next day, and the day after that.” During President Obama’s first year in office, he made a pledge that by 2020, America would reduce its greenhouse gas emissions in the range of 17 percent below 2005 levels if all other major economies agreed to limit their emissions as well. To reinforce this commitment, in June 2013, the President launched the Climate Action Plan, which consists of three pillars: cutting carbon pollution in America, preparing the United States for the impacts of climate change, and leading international efforts to combat global climate change and mitigate its effects. The President will continue to take steps to put the plan into effect, including by implementing America’s Clean Power Plan, which establishes the first-ever national standards to limit carbon pollution from power plants, the single biggest source of carbon emissions in the United States; increasing access to clean energy for all Americans; achieving an economy-wide target to reduce emissions by 26 percent to 28 percent below 2005 levels in 2025; and by working with leaders throughout the world to reach a durable and ambitious agreement at this year’s climate conference in Paris. In addition, the Administration will pursue a host of other domestic and international efforts to tackle climate change.

As we take steps to address climate change through federal action, the Administration is also working with the growing number of non-governmental leaders and organizations that are promoting climate resiliency at home and abroad. Today, the Administration highlights a few of those collaborative efforts:

Promoting Climate Resiliency Around the World: Today, the Administration is announcing that Catholic Relief Services (CRS) will join the Climate Services for Resilient Development (CSRD) initiative as a contributing partner. The CSRD is an international public-private partnership that USAID launched this summer with seven other founding partners: the American Red Cross, Asian Development Bank, Esri, Google, Inter-American Development Bank, the Skoll Global Threats Fund, and the U.K. Government. The vision of the partnership is to identify the most effective means to create and provide, for the public good, climate data that is timely and useful, as well as information tools and services that are driven by needs and demands identified by end-users. This partnership relies upon the strengths and resources of public, private, philanthropic, and non-governmental organizations, multilateral institutions, and academic communities. CRS will capitalize on its extensive partner base, which includes other religious and non-religious organizations and direct links to farmers and extension services, to realize demand-driven climate services that meet adaptation needs and help to bridge gaps between technical climate information and local development challenges. In addition, CRS will leverage their existing climate resources and programs to scale tools and information in support of CSRD’s work. CRS’s multi-stakeholder approach – which unites research, public, private, and non-governmental sectors – will facilitate shared learning and the diversity of perspectives necessary for success in the provision of climate services.

Advancing Climate Justice and Preparedness at Home: An array of federal agencies are taking new steps in partnership with non-governmental organizations, including diverse faith-based and community groups, to promote environmental justice and climate resilience at home. The Climate Action Champions Interagency Working Group (IWG) is developing a webinar and other tools to share information with faith-based and community organizations, particularly in the local and tribal communities that were selected through a competitive process in recognition of their strong commitment to cut carbon pollution and prepare for the impacts of a changing climate. Faith-based and community organizations, including Catholic Charities USA (CCUSA), a national network serving low income and vulnerable people, plan to work through local affiliates in these communities to use the IWG’s tools to convene conversations about ways to support the goals of the initiative. Also, over the next year, the Federal Interagency Working Group on Environmental Justice (EJIWG) will collaborate with CCUSA and other non-governmental organizations to increase awareness of the impacts of climate change in overburdened and underserved communities, and the Federal Emergency Management Agency (FEMA) will work with faith-based and community organizations to make disaster preparedness information more accessible to vulnerable populations and to increase all-hazards preparedness planning for houses of worship.

ENERGY STAR at the Environmental Protection Agency (EPA) is working with more than 1,500 diverse congregations, including Christian, Jewish, Muslim, Hindu, and Buddhist congregations, and with nonprofits and community groups, to save money and prevent pollution through increased energy and water efficiency. These organizations have committed to protect the environment and enhance their financial health through continuous improvement of energy performance in their respective facilities, and to educate their staff and community to aid in preserving the environment for future generations. EPA has provided dedicated webinars and focused technical support for a wide array of organizations, including GreenFaith, Interfaith Power and Light, Christian Reform Congregations, Seventh Day Adventists, Blessed Tomorrow, the U.S. Green Building Council, and the Archdiocese of Chicago. EPA has also worked with the Evangelical Environmental Network and other religious bodies to develop its ENERGY STAR Action Workbook for Congregations. In addition, EPA has collaborated with nonprofit and community groups including Esperanza Capacity Institute, Green for All, ecoAmerica, and the Chicago Salvation Army. EPA’s ENERGY STAR also assisted in planning a 2015 White House Champions of Change event that focused on climate change, where leaders from the Islamic, Evangelical, Hindu, Catholic, Jewish, and Baptist traditions were among those recognized for greening their communities and educating others on the moral and social justice implications of climate change. During the past year, ENERGY STAR helped develop the EPA’s new “Food Stewardship Challenge” to help congregations and communities “feed people, not landfills.” This initiative is important for the environment because as wasted food decomposes, it converts to methane, a greenhouse gas 25 times more potent than carbon dioxide.

The Corporation for National and Community Service (CNCS) will expand Resilience AmeriCorps in collaboration with Catholic Charities USA (CCUSA), an existing AmeriCorps VISTA sponsor. The Rockefeller Foundation will provide continued training and technical support, with the expansion also leveraging the expertise of other Federal partners, including the National Oceanic and Atmospheric Administration and the EPA. The Resilience AmeriCorps program recruits, trains, and embeds AmeriCorps VISTA members in communities across the country, where the effects of climate change are often most acutely felt, to help communities develop preparedness plans and assist local leaders as they plan for and address the impacts of extreme weather events. CNCS, the federal agency which administers AmeriCorps, in partnership with The Rockefeller Foundation, Cities of Service, NOAA, EPA, and DOE launched Resilience AmeriCorps in July. On August 20, CNCS and its partners announced the selection of ten pilot locations for the first cohort of Resilience AmeriCorps. Through the expansion announced today, AmeriCorps VISTA members will be placed in five to seven additional locations to help communities with significant immigrant and refugee populations become more resilient. These AmeriCorps VISTA members will develop plans to meet the needs of immigrant communities during disasters, including improving language access to necessary services and reducing other barriers to support.

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Oficina del Secretario de Prensa
PARA PUBLICACIÓN INMEDIATA
23 de septiembre, 2015

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