DISCURSO DEL PRESIDENTE A LA NACIÓN 

Despacho oval 

8:01 p. m. hora del este

Buenas noches.  El miércoles pasado asesinaron a catorce estadounidenses en una reunión para celebrar las fiestas decembrinas.  Fueron arrancados de la familia y los amigos que los querían profundamente. Eran de raza blanca y de raza negra; de ascendencia hispana y asiática; inmigrantes y nacidos en EE. UU.; madres y padres de familia; hijos e hijas.  Cada uno de ellos prestó servicios a sus conciudadanos y todos formaban parte de nuestra familia estadounidense.

En este momento deseo hablarles sobre esta tragedia, la gran amenaza del terrorismo y cómo podemos proteger a nuestro país.

El FBI aún sigue reuniendo pruebas de lo que ocurrió en San Bernardino, pero esto es lo que sabemos hasta ahora.  Las víctimas fueron asesinadas de manera brutal por uno de sus compañeros de trabajo y su esposa.  Hasta ahora no tenemos pruebas de que los asesinos seguían las órdenes de una organización terrorista en el extranjero, ni que formaban parte de una confabulación de mayor tamaño dentro de EE. UU.  Sin embargo, es claro que los dos ya estaban en el oscuro camino de la radicalización, adoptando una versión torcida del Islam que los llama a pelear contra Estados Unidos y los países occidentales.  Habían acumulado armas de asalto, municiones y bombas caseras.  De manera que este fue un acto terrorista que tuvo por objeto asesinar a personas inocentes.

Este país ha estado en guerra con los terroristas desde que al Qaeda asesinó a casi 3,000 estadounidenses el 11 de septiembre.  Desde entonces hemos fortalecido nuestras defensas, desde aeropuertos hasta centros financieros y otra infraestructura de gran importancia.  Los organismos de inteligencia y las autoridades del orden público han desarmado innumerables complots aquí y en el extranjero, y trabajan incansablemente para protegernos.  Los profesionales militares y anti terroristas siguen persiguiendo a las redes terroristas que se encuentran en el extranjero al atacar refugios terroristas en varios países, asesinar a Osama bin Laden y diezmar a los líderes de al Qaeda.

No obstante, la amenaza terrorista ha entrado a una nueva fase.  Debido a que mejoramos en prevenir ataques de gran magnitud y de varias facetas como el del 11 de septiembre, los terroristas han recurrido a actos de violencia menos complicados como los tiroteos masivos que ya son demasiado comunes en nuestra sociedad.  Estos son los tipos de ataques que vimos en Fort Hood en 2009; en Chattanooga a principios de este año y ahora en San Bernardino.  Y conforme los grupos como ISIL se fortalecen debido al caos que provoca la guerra de Irak y luego de Siria, y ya que el Internet elimina las distancias entre los países, seguimos viendo que los terroristas se esfuerzan más por envenenar las mentes de la gente que comete estos actos, como los que detonaron las bombas en el maratón de Boston y los asesinos de San Bernardino.

Durante siete años cada mañana he hablado de esta amenaza en evolución en mi reunión con las entidades de inteligencia.  Y desde el día que tomé el cargo, he autorizado a las fuerzas armadas de EE. UU. atacar a los terroristas en el extranjero precisamente porque sé cuán real es el peligro que estos representan.  En mi calidad de comandante supremo, mi más grande responsabilidad es garantizar la seguridad del pueblo estadounidense.  En calidad de padre de dos niñas que son lo más preciado en mi vida, sé que nos visualizamos con amigos y compañeros de trabajo en una fiesta decembrina como la de San Bernardino.  Sé que nos vemos a nuestros hijos en los rostros de los jóvenes asesinados en París  Sé que después de tanta lucha, muchos estadounidenses se preguntan si nos enfrentamos a un cáncer que no tiene cura inmediata.

Pues bien, quiero que sepan esto:  La amenaza del terrorismo es real, pero saldremos victoriosos  Destruiremos a ISIL y a toda organización que trate de hacernos daño.  Nuestra victoria no dependerá simplemente de regaños o de abandonar nuestros valores ni de darnos por vencidos ante el temor.  Eso es lo estos grupos como ISIL esperan que suceda.  En lugar de ello, saldremos victoriosos al ser fuertes e inteligentes, flexibles e implacables, y al tomar ventaja de cada aspecto del poder estadounidense.

Lo haremos de esta forma:  Primero, nuestras fuerzas militares seguirán buscando a los confabuladores terroristas en todo país en los casos en los que sea necesario.  En Irak y Siria, los ataques aéreos están diezmando a los líderes de ISIL, sus potentes armas, barcos petroleros e infraestructura.  Y desde los ataques de París, nuestros aliados más cercanos, entre ellos Francia, Alemania y el Reino Unido, han acrecentado su apoyo a nuestra campaña militar, lo cual nos ayuda a acelerar nuestros esfuerzos por destruir a ISIL.

En segundo lugar, seguiremos entrenando y equipando a decenas de miles de fuerzas iraquíes y sirias que luchan contra ISIL en tierra enemiga para que podamos destruir sus refugios.  Estamos desplegando fuerzas de operativos especiales en ambos países, las cuales pueden acelerar esa ofensiva.  Hemos intensificado estos esfuerzos desde los ataques de París, y continuaremos invirtiendo más en estrategias que sean eficaces en terreno enemigo.

            En tercer lugar, estamos colaborando con amigos y aliados para detener las operaciones de ISIL: deshacer complots, truncar el flujo de fondos y evitar que recluten a más combatientes.  Desde los ataques de París hemos aumentado las operaciones de inteligencia al compartir información con nuestros aliados europeos.  Colaboramos con Turquía para sellar su frontera con Siria. Y cooperamos con los países con mayorías musulmanas, y con la comunidad musulmana de EE.UU., para contrarrestar la ideología sanguinaria que ISIL promueve en Internet.

En cuarto lugar, la comunidad internacional, junto con los líderes estadounidenses, estableció un proceso con una cronología específica para lograr un cese al fuego y tratar de entablar una resolución política a la guerra civil de Siria. Al hacer esto, el pueblo sirio y todos los demás países, incluidos nuestros aliados y también países como Rusia, podrán enfocarse en el objetivo común de destruir a ISIL; un grupo que nos amenaza a todos.

Esta es nuestra estrategia para destruir a ISIL.  Nuestros comandantes militares y expertos en anti terrorismo la diseñaron, y la adoptan junto con otros 65 países que se unieron a la coalición dirigida por Estados Unidos.  Analizamos constantemente esta estrategia para determinar cuándo es necesario tomar más medidas para terminar el trabajo. Es por ello que di instrucciones a los Departamentos de Estados y de Seguridad Interna que revisen el programa de visas conforme al cual pudo entrar al país la mujer terrorista de San Bernardino.  Y es por ello que insto a los directores de las entidades de alta tecnología y del orden público a que encuentren la forma de hacer más difícil que los terroristas usen la tecnología para escapar de la justicia.

Aquí en el país tenemos que unirnos en este momento para hacer frente a este desafío.  El Congreso debe tomar varias medidas de inmediato:

Para empezar, el Congreso debe actuar para garantizar que nadie que aparezca en la lista de personas que tienen prohibido volar pueda comprar una pistola.  ¿Qué argumento podrían dar para permitir que un sospechoso de terrorismo compre un arma semi automática?  Esto es una cuestión de seguridad nacional.

También debemos cambiar las reglas para que sea más difícil que cualquier persona compre armas de asalto como las que usaron en San Bernardino.  Sé que hay algunos que rechazan toda medida de protección contra armas,  pero la realidad es que nuestras entidades de inteligencia y de orden público, no importa cuán eficaces sean, no pueden identificar a todo aquel que pretenda asesinar en masa, ya sea que esté motivado por ISIL o alguna otra ideología de odio.  Lo que podemos, y debemos hacer, es lograr que se les dificulte asesinar a otras personas.

Lo siguiente es que debemos implementar un proceso de selección más estricto para aquellos que vengan a Estados Unidos sin visa para que podamos asegurarnos si han viajado o no a zonas de guerra.  Estamos colaborando con integrantes de los dos partidos del Congreso para precisamente hacer eso.

Por último, si el Congreso cree, como yo lo creo, que estamos en guerra con ISIL, entonces debería votar para autorizar el uso continuo de las fuerzas militares contra estos terroristas.  Por más de un año he ordenado a nuestros militares a que inicien miles de ataques aéreos contra blancos de ISIL.  Es momento de que el Congreso vote para demostrar que el pueblo estadounidense está unido y comprometido con esta lucha.

Mis conciudadanos, estas son medidas que podemos tomar juntos para derrotar la amenaza terrorista. Ahora permítanme externar unas palabras acerca de lo que no debemos hacer.

No debemos dejar que nos arrastren a participar en una larga y costosa guerra en Irak o Siria.  Eso es lo que desean los grupos como ISIL. Saben que no nos pueden derrotar en el campo de batalla.  Los combatientes de ISIL formaron parte de los insurgentes que enfrentamos en Irak,  pero también saben que si ocupamos tierra extranjera, ellos podrán mantener la insurgencia por años, matar a miles de nuestras tropas, drenar nuestros recursos y usar nuestra presencia para reclutar a más gente.

La estrategia que usamos ahora, es decir ataques aéreos, fuerzas especiales y colaboración con fuerzas locales que pelean para recobrar el control de sus propios países, promete una victoria sustentable.  Y no será necesario enviar a una nueva generación de estadounidenses al extranjero a pelear y fallecer durante una década más en tierra extranjera.

Esto es lo que tampoco debemos hacer:  No podemos tornarnos en contra del otro al dejar que esta lucha se defina como una guerra entre Estados Unidos y el Islam.  Eso también lo que desean los grupos como ISIL.  ISIL no representa al Islam.  Se conforma de rufianes y asesinos que son parte de un culto de muerte, y es solo una pequeña parte de más de mil millones de musulmanes de todo el mundo, incluidos los millones de musulmanes nacidos en Estados Unidos que son patriotas y rechazan su ideología llena de odio. Además, la vasta mayoría de víctimas de terrorismo de todo el mundo es de origen musulmán.  Si vamos salir victoriosos en esta lucha contra el terrorismo, debemos reclutar comunidades musulmanas para que sean nuestros aliados más comprometidos, en lugar de rechazarlos con sospechas y odio.

Ello no significa que debamos negar el hecho de que se ha esparcido entre las comunidades musulmanas una ideología extremista.  Esto es un problema real al que se deben enfrentar los musulmanes sin excusa alguna.  Los líderes musulmanes que radican aquí y en todo el mundo deben seguir colaborando con nosotros para erradicar de manera decisiva e inequívoca la ideología que promueven grupos como ISIL y al Qaeda y deben protestar no solo contra los actos de violencia, sino también contra la interpretación del Islam que no es compatible con los valores de la tolerancia religiosa, el respecto mutuo y la dignidad humana.

No obstante, así como es responsabilidad de los musulmanes de todo el mundo erradicar las ideas erróneas que llevan a la radicalización, es también responsabilidad de todos los estadounidenses, de toda denominación religiosa, rechazar la discriminación.  Somos responsables de evitar que se investigue la religión de las personas que admitamos en este país.  Es nuestra responsabilidad rechazar propuestas de que los musulmanes estadounidenses sean tratados de manera diferente.  Habremos perdido en cuanto entremos a ese terreno, ya que  ese tipo de división, esa traición a nuestros valores les facilita las cosas a grupos como ISIL.  Los musulmanes nacidos en Estados Unidos son nuestros amigos y vecinos; nuestros compañeros de trabajo, nuestros héroes deportivos, y sí, son los hombres y las mujeres uniformados que están dispuestos a morir defendiendo nuestro país.  Debemos recordarlo siempre.

Mis conciudadanos, confío en que saldremos victoriosos en esta misión porque estamos del lado de los buenos.  Este país se fundó sobre la base de la dignidad humana, la idea de que no importa quién eres ni de dónde vienes o que apariencia tengas ni que religión practiques, eres igual ante los ojos de Dios e igual ante los ojos de la ley.

Incluso en esta temporada de política, aun cuando debatimos adecuadamente las medidas que yo y los futuros presidentes deben tomar para proteger a nuestro país, asegurémonos de no olvidar nunca lo que nos hace distinguirnos de los demás. No olvidemos que la libertad es más poderosa que el miedo; que siempre nos recuperamos de los desafíos, ya sea guerra o crisis financiera, desastres naturales o ataques terroristas, al unirnos con un ideal en mente como una sola nación y un solo pueblo.  Siempre que nos mantengamos fieles a la tradición, no tengo duda de que Estados Unidos saldrá victorioso

Gracias.  Que Dios los bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos de América.

 

FIN                  8:14 p. m. hora del este

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THE WHITE HOUSE

 

Office of the Press Secretary

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For Immediate Release                                                                                    December 6, 2015

 

 

ADDRESS TO THE NATION BY THE PRESIDENT

 

Oval Office

 

 

8:01 P.M. EST

 

 

THE PRESIDENT:  Good evening.  On Wednesday, 14 Americans were killed as they came together to celebrate the holidays.  They were taken from family and friends who loved them deeply. They were white and black; Latino and Asian; immigrants and American-born; moms and dads; daughters and sons.  Each of them served their fellow citizens and all of them were part of our American family.

 

Tonight, I want to talk with you about this tragedy, the broader threat of terrorism, and how we can keep our country safe.

 

The FBI is still gathering the facts about what happened in San Bernardino, but here is what we know.  The victims were brutally murdered and injured by one of their coworkers and his wife.  So far, we have no evidence that the killers were directed by a terrorist organization overseas, or that they were part of a broader conspiracy here at home.  But it is clear that the two of them had gone down the dark path of radicalization, embracing a perverted interpretation of Islam that calls for war against America and the West.  They had stockpiled assault weapons, ammunition, and pipe bombs.  So this was an act of terrorism, designed to kill innocent people.

 

Our nation has been at war with terrorists since al Qaeda killed nearly 3,000 Americans on 9/11.  In the process, we’ve hardened our defenses — from airports to financial centers, to other critical infrastructure.  Intelligence and law enforcement agencies have disrupted countless plots here and overseas, and worked around the clock to keep us safe.  Our military and counterterrorism professionals have relentlessly pursued terrorist networks overseas — disrupting safe havens in several different countries, killing Osama bin Laden, and decimating al Qaeda’s leadership.

 

Over the last few years, however, the terrorist threat has evolved into a new phase.  As we’ve become better at preventing complex, multifaceted attacks like 9/11, terrorists turned to less complicated acts of violence like the mass shootings that are all too common in our society.  It is this type of attack that we saw at Fort Hood in 2009; in Chattanooga earlier this year; and now in San Bernardino.  And as groups like ISIL grew stronger amidst the chaos of war in Iraq and then Syria, and as the Internet erases the distance between countries, we see growing efforts by terrorists to poison the minds of people like the Boston Marathon bombers and the San Bernardino killers.

 

For seven years, I’ve confronted this evolving threat each morning in my intelligence briefing.  And since the day I took this office, I’ve authorized U.S. forces to take out terrorists abroad precisely because I know how real the danger is.  As Commander-in-Chief, I have no greater responsibility than the security of the American people.  As a father to two young daughters who are the most precious part of my life, I know that we see ourselves with friends and coworkers at a holiday party like the one in San Bernardino.  I know we see our kids in the faces of the young people killed in Paris.  And I know that after so much war, many Americans are asking whether we are confronted by a cancer that has no immediate cure.

 

Well, here’s what I want you to know:  The threat from terrorism is real, but we will overcome it.  We will destroy ISIL and any other organization that tries to harm us.  Our success won’t depend on tough talk, or abandoning our values, or giving into fear.  That’s what groups like ISIL are hoping for.  Instead, we will prevail by being strong and smart, resilient and relentless, and by drawing upon every aspect of American power.

 

Here’s how.  First, our military will continue to hunt down terrorist plotters in any country where it is necessary.  In Iraq and Syria, airstrikes are taking out ISIL leaders, heavy weapons, oil tankers, infrastructure.  And since the attacks in Paris, our closest allies — including France, Germany, and the United Kingdom — have ramped up their contributions to our military campaign, which will help us accelerate our effort to destroy ISIL.

 

Second, we will continue to provide training and equipment to tens of thousands of Iraqi and Syrian forces fighting ISIL on the ground so that we take away their safe havens.  In both countries, we’re deploying Special Operations Forces who can accelerate that offensive.  We’ve stepped up this effort since the attacks in Paris, and we’ll continue to invest more in approaches that are working on the ground.

 

Third, we’re working with friends and allies to stop ISIL’s operations — to disrupt plots, cut off their financing, and prevent them from recruiting more fighters.  Since the attacks in Paris, we’ve surged intelligence-sharing with our European allies.  We’re working with Turkey to seal its border with Syria. And we are cooperating with Muslim-majority countries — and with our Muslim communities here at home — to counter the vicious ideology that ISIL promotes online.

 

Fourth, with American leadership, the international community has begun to establish a process — and timeline — to pursue ceasefires and a political resolution to the Syrian war. Doing so will allow the Syrian people and every country, including our allies, but also countries like Russia, to focus on the common goal of destroying ISIL — a group that threatens us all.

 

This is our strategy to destroy ISIL.  It is designed and supported by our military commanders and counterterrorism experts, together with 65 countries that have joined an American-led coalition.  And we constantly examine our strategy to determine when additional steps are needed to get the job done. That’s why I’ve ordered the Departments of State and Homeland Security to review the Visa Waiver Program under which the female terrorist in San Bernardino originally came to this country.  And that’s why I will urge high-tech and law enforcement leaders to make it harder for terrorists to use technology to escape from justice.

 

Now, here at home, we have to work together to address the challenge.  There are several steps that Congress should take right away.

 

To begin with, Congress should act to make sure no one on a no-fly list is able to buy a gun.  What could possibly be the argument for allowing a terrorist suspect to buy a semi-automatic weapon?  This is a matter of national security.

 

We also need to make it harder for people to buy powerful assault weapons like the ones that were used in San Bernardino.  I know there are some who reject any gun safety measures.  But the fact is that our intelligence and law enforcement agencies — no matter how effective they are — cannot identify every would-be mass shooter, whether that individual is motivated by ISIL or some other hateful ideology.  What we can do — and must do — is make it harder for them to kill.

 

Next, we should put in place stronger screening for those who come to America without a visa so that we can take a hard look at whether they’ve traveled to warzones.  And we’re working with members of both parties in Congress to do exactly that.

 

Finally, if Congress believes, as I do, that we are at war with ISIL, it should go ahead and vote to authorize the continued use of military force against these terrorists.  For over a year, I have ordered our military to take thousands of airstrikes against ISIL targets.  I think it’s time for Congress to vote to demonstrate that the American people are united, and committed, to this fight.

 

My fellow Americans, these are the steps that we can take together to defeat the terrorist threat.  Let me now say a word about what we should not do.

 

We should not be drawn once more into a long and costly ground war in Iraq or Syria.  That’s what groups like ISIL want. They know they can’t defeat us on the battlefield.  ISIL fighters were part of the insurgency that we faced in Iraq.  But they also know that if we occupy foreign lands, they can maintain insurgencies for years, killing thousands of our troops, draining our resources, and using our presence to draw new recruits.

 

The strategy that we are using now — airstrikes, Special Forces, and working with local forces who are fighting to regain control of their own country — that is how we’ll achieve a more sustainable victory.  And it won’t require us sending a new generation of Americans overseas to fight and die for another decade on foreign soil.

 

Here’s what else we cannot do.  We cannot turn against one another by letting this fight be defined as a war between America and Islam.  That, too, is what groups like ISIL want.  ISIL does not speak for Islam.  They are thugs and killers, part of a cult of death, and they account for a tiny fraction of more than a billion Muslims around the world — including millions of patriotic Muslim Americans who reject their hateful ideology. Moreover, the vast majority of terrorist victims around the world are Muslim.  If we’re to succeed in defeating terrorism we must enlist Muslim communities as some of our strongest allies, rather than push them away through suspicion and hate.

 

That does not mean denying the fact that an extremist ideology has spread within some Muslim communities.  This is a real problem that Muslims must confront, without excuse.  Muslim leaders here and around the globe have to continue working with us to decisively and unequivocally reject the hateful ideology that groups like ISIL and al Qaeda promote; to speak out against not just acts of violence, but also those interpretations of Islam that are incompatible with the values of religious tolerance, mutual respect, and human dignity.

 

But just as it is the responsibility of Muslims around the world to root out misguided ideas that lead to radicalization, it is the responsibility of all Americans — of every faith — to reject discrimination.  It is our responsibility to reject religious tests on who we admit into this country.  It’s our responsibility to reject proposals that Muslim Americans should somehow be treated differently.  Because when we travel down that road, we lose.  That kind of divisiveness, that betrayal of our values plays into the hands of groups like ISIL.  Muslim Americans are our friends and our neighbors, our co-workers, our sports heroes — and, yes, they are our men and women in uniform who are willing to die in defense of our country.  We have to remember that.

 

My fellow Americans, I am confident we will succeed in this mission because we are on the right side of history.  We were founded upon a belief in human dignity — that no matter who you are, or where you come from, or what you look like, or what religion you practice, you are equal in the eyes of God and equal in the eyes of the law.

 

Even in this political season, even as we properly debate what steps I and future Presidents must take to keep our country safe, let’s make sure we never forget what makes us exceptional. Let’s not forget that freedom is more powerful than fear; that we have always met challenges — whether war or depression, natural disasters or terrorist attacks — by coming together around our common ideals as one nation, as one people.  So long as we stay true to that tradition, I have no doubt America will prevail.

 

Thank you.  God bless you, and may God bless the United States of America.

 

END                8:14 P.M. EST

 

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