“Yo no sé por qué te quejas tanto. Honestamente no te entiendo. Tienes trabajo, estás en México y estás haciendo lo que te gusta” – me dijo Chabelita ocultando una frustrada mueca detrás de su taza de café.

 “Lo sé”   — le respondí cabizbaja mientras tomaba un ruidoso sorbo de café y veía a través de Facetime que ella hacia lo mismo.

“Tu me conoces” — le dije en tono serio – “Me gusta pensar, reflexionar y antes de hablar considero detenidamente todo lo que ocurre en mi entorno inmediato. Recuerda el sabio dicho:una persona reflexiva y prudente nunca obra a la ligera.”

“Pero tanta reflexión en un viernes en la noche en vez de estar caminando y cenando en un rico restaurante” — dijo pensativa — “ Hay tiempo para todo. Vete a cenar o a bailar, por favor”.

La miré medio molesta al recordar a mi madre que siempre está buscando el novio perfecto en cada lugar que visito y le dije: 

“Ya tengo un mes trabajando en la ciudad de México y me va muy bien. Me siento contenta y los días pasan corriendo y aprendiendo, pero no puedo dejar de evaluar mi vida a través de mis acostumbrados sorbos de café y he encontrado en la Cafebrería “El Péndulo” en la zona rosa mi esquina para pensar y enredar sombras en la más profunda soledad.

“Te cuento que estoy saliendo con Gustavo” – me dijo Chabelita mostrando una gran sonrisa – “Tenemos tantas cosas en común y me encanta conocer sus aventuras y su gran deseo de descubrir cosas nuevas. Creo que nuestra amistad se está convirtiendo en algo bonito y me siento muy feliz. Además, cuando estoy con él siento que mis temores se van y su optimismo me ayuda a comenzar mi semana llena de valor para eliminar mi eterno miedo de ser juzgada por mis compañeros de trabajo.” 

“Que bien. Estoy muy contenta por ti” — Le dije sonando sincera, pero como Chabelita me conoce muy bien de inmediato agregó: “ Sé que tus reflexiones de los viernes que insistes en remojarlas con tus sorbos de café tiene nombre y apellido y…”

“Por cierto” — la corté en forma abrupta y con una mirada medio molesta le dije en tono de reclamo- “no me has contado de las clases de español que le estás dando a ‘quien no debo nombrar‘ porque tu sabes bien su nombre”.

Chabelita se quedó sin palabras, me miró con cara de culpable y me respondió cambiando el tema sugiriendo que buscara un “Life Coach” para que me ayudara a elaborar el mapa de mi felicidad y como si hubiera visto un fantasma se despidió y colgó la video llamada de Facetime.

Me dejó con muchas palabras por decir, pero frustrada de su cobarde huída decidí “googlear” palabras que llenaran mi vacío emocional de los viernes y conocer más sobre los “Life Coach”. 

Me encontré interesantes palabras tomadas del famoso Libro Azul de Conny Méndez: ¨ La sola presencia de una persona positiva destruye la obscuridad, de la misma forma que se disipa la noche cuando se enciende la luz.¨

Más leía, más encontraba palabras bonitas llenas de consejos optimistas que me subían mi ánimo y de pronto sentí surgir de mi rostro una tibia sonrisa de felicidad.

Me sentí tan bien que decidí aventurarme a conocer más sobre los “Life Coaches” y de la forma cómo te ayudan a elaborar el mapa que te llevará a tu felicidad. 

De pronto mi sonrisa optimista se desvaneció al leer que esta semana dos “Life Coaches” que tenían un programa de radio en Nueva York donde intercambiaban consejos para el “desarrollo personal, crecimiento y creativida” se habían suicidado. Sus programas  estaba designado para “promover la autoayuda y reenforzar la parte interna de las personas” y “dar confianza para que las personas puedan crear su propio camino y así diseñar la vida que siempre han querido tener“, de acuerdo a su sitio en la red,

Triste de haber leído una noticia tan fatal decidí salir a caminar, cerré mi laptop y mientras la guardaba pensaba en todas esas palabras bonitas que había leído y que ya las había olvidado porque son solo palabras que se las lleva el viento. Me tomé mi último sorbo de café reflexionando que en la vida no se necesita una palabra bonita diaria, las palabras se crean trabajando, haciendo y diciendo. Porque definitivamente nadie es un experto en la vida y absolutamente nadie tiene la respuesta de lo que tenemos en nuestros corazones y en la mente. 

Agradecí a mis sorbos de café llenos de sabiduría por brindarme la oportunidad de escucharme a mi misma y seguir construyendo mi vida con desilusiones, alegrías, metidas de  patas y gritos callados llenos de frustraciones. 

Tomé mi bolso y me iba a levantar de mi mesa cuando de pronto sentí una tranquilidad y silencio que solo una persona logra en el mundo bullicioso y caótico que ofrece un café.  

Era Finn. Ni me asombré ni de mi boca salió una palabra porque sabia que entre él y yo no había palabras sino un profundo sentimiento que ni un “Life Coach” ni las palabras bonitas “googleables” podían explicar.

De pronto entendí eso que en la vida uno mismo construye su mapa de la felicidad.

Con una sonrisa reflexiva le mostré el mapa de la Zona Rosa y decidí explorar otro camino en mi eterna búsqueda de mi felicidad. 

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