“There will come a time when you believe everything is finished. That will be the beginning”  Louis Lamour

Comenzar desde el principio cuando se creía que ya se había llegado al final.  Es volver a escribir porque lo escrito no tenía un final feliz. 

Dos meses han pasado desde que recibí la carta larga de Finn y aunque sus palabras retumban en mis oídos, su figura lejana y amarillenta aparece en mi mente como una sombra de mi pasado. 

Mi vida ha cambiado para bien. Ahora comparto mi apartamento con Chabelita. Ella encerrada en sus libros y yo tratando de salir del encierro en que me encuentro. Nuestro apartamento esta lleno de luz y por razones obvias no tengo ninguna planta tropical que de alguna forma u otra me recuerden mi ayer. La cocina es amplia con una mesa cuadrada donde desayunamos sueños y cenamos frustraciones. 

Gustavo y yo cenamos casi todos los sábados y he conocido de historias de aventura sin límites, sin control y sin mesura. He visto amaneceres y atardeceres de lugares distantes, he conocido el sabor de la lluvia y las  gotas de sudor y he sentido el frío y la soledad que se siente cuando se vive lo que se sueña.

Con Gustavo comparto risas, aventuras, sueños y largas conversaciones. Conozco su mundo de afuera, el de la fachada, el del que vive sin miedo a vivir. Pero Gustavo es reservado y cauteloso con su mundo de adentro. Mis ratos con Gustavo son como ver una película de acción,  esas que se necesitan palomitas de maíz porque se sabe la trama y el final. 

Tal vez esa cautela se deba a que yo tampoco he querido mostrar el mío, mi mundo interno, el que duele, el que te hace suspirar o el que te hace sentir viva y humana no como un personaje de película de acción y de aventura. Pero le voy a dar tiempo porque en algún momento su libreto de aventuras llegará a su fin y en ese momento estaremos los dos dispuestos a hablar de nuestros mundos. Aunque tengamos que empezar desde el comienzo como dos extraños que por primera vez se conocen.  

Mi semana en el trabajo es un sube-baja. Las cosas en mi trabajo van bien, bueno me ha tocado aprender a confeccionar cada palabra, a medir cada respiro y controlar la fuerza de mi mirada porque a veces la verdad no se puede esconder pero si disimular.  Claire es una persona difícil, pero Todd me respeta y siempre me pide mi opinión. 

Claire no ha olvidado mi primer día de trabajo. Las reuniones de “Brainstorming” me dejan en una tormenta y lamentablemente no de ideas.

Cada reunión me hace sentir como un “Pera de boxeo”.  Es escuchar palabras decoradas de experiencia y conocimiento, pero son palabras con golpes, con dirección y con el objetivo de derrumbar cada parte de mi.  

En la reunión de este jueves me encontré con productos de limpieza mezclados con los de belleza como si las mujeres colocaramos el jabón de lavar ropa junto al lápiz labial. 

Todd sonriendo nos invitó a compartir ideas nuevas para nuestro cliente.

Claire de la nada, en verdad de la nada, repitió lo mismo que no ha producido nada nuevo para el cliente.

La domesticación de la mujer hispana a través de consejos de limpieza es una idea que se ha reciclado tanto que ha llegado la hora de desecharlas. Pero Claire es una experta en reciclaje porque para ella somos las mismas, hacemos lo mismo y compramos lo mismo. No hay que cambiar nada si lo mismo es lo mismo.

Respiré profundo al pensar cuantas de nosotras estamos siempre en la búsqueda de nuestra identidad como mujer. 

Pedí la palabra y Claire me miró para recordarme que yo soy el  adorno de la mesa y que debo limitarme a adornar.  

“El liderazgo de la mujer hispana es palpable” – dije en tono serio – “visible, medible y estamos transformando nuestras vidas y comunidades. Somos gemas de distintos colores, multiculturales, unas bilingües y otras no, pero con la bitácora correcta para navegar entre los dos mundos en que vivimos. Somos mujeres que no sólo tomamos iniciativas, sino que asumimos la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.” Pero ¿Por qué etiquetarnos con lo mismo o empaquetarnos como monolíticas e inamovibles? “

Todd le gustó mi comentario y me pidió un bosquejo de ideas de la mujer desde mi perspectiva como mujer hispana bilingüe y multicultural.

Me retiré a mi oficina recordando las palabras de una canción que siempre canta mi mama sobre lo difícil que es “defender nuestra ideología,buena o mala pero es tan humana como la contradicción”. Definitivamente esa eterna búsqueda es lo que nos hace sentir viva porque es el oxígeno de nuestra respiración.”

Así me llego el viernes…

Los viernes después del trabajo me reúno en un café conmigo misma. Bajo el ruido de risas y olores de diferentes aromas me siento en una esquina a reflexionar sobre mi semana.

Es separar mis frustraciones como se separan los colores de la ropa para lavar en la lavadora, es saber cual es la que hay que poner más cuidado o la que necesita blanqueador…

Es colocarme nuevamente la etiqueta “Frágil”, “manéjese con cuidado” y quitarme la fachada de mujer “fuerte” y que nada la detiene.  Es mi viernes de aprendizaje, de reflexión, de llantos callados y sentir que estoy creciendo o envejeciendo cada día. Es ponerme en neutro y dejar que las emociones salgan de mi vida por el camino que solo ellos conocen.

Es tratar de evaluar lo aprendido. Es mi tiempo para gritar en silencio a todo pulmón de lo vulnerable que soy y de agrupar mis emociones y sacudirlas como se limpia el polvo de una alfombra. 

Cada sorbo de café es un sorbo de sabiduría. 

Ensimismada y con mis brazos cruzados y mi barbilla encima de mis manos como si estuviera recargando mis baterías me encontraba cuando de pronto me sorprendió un silencio y una sombra.  

Asombrada miré a quien había traído silencio en el mundo bullicioso y caótico que me rodeaba. Era Finn. Me asombré al verlo después de tanto tiempo. Lo mire a sus ojos y le pregunté cómo sabía que estaba allí y con una sonrisa traviesa me respondió: “Tu me dijiste que te gustaba desenredar tus preocupaciones y enjuagarlas en un tumultuoso café”. 

Su presencia puso el mundo a mi alrededor en suspenso. No había ruido ni aromas ni gente. Sólo estamos Finn y yo sentados frente a frente.

Me preguntó por mi, no el mi de la fachada sino el mi que se encuentra dentro, muy dentro, el escondido, el que nos es muy difícil hablar y del que poco se habla. Le conté de mis frustraciones y las percibió tal y como un libro abierto y me escuchó con atención.

“You’ll do fine” – fue su corta respuesta – “Keep focused. You know where you’re going.  

De sus labios no brotaron palabras como el “pobrecita” ni “cuanto lo siento” ni los clichés de “sigue adelante” ni “estoy a tu lado”. Simplemente que me va ir bien, que mantenga enfocada porque yo sé lo que quiero y hacía adonde voy. Se levantó y con una mirada picara y con una sonrisa traviesa se despidió y desapareció. 

Respiré profundo, bien profundo, como si estuviera supervisando mis emociones y sonreí al darme cuenta que estaban lavadas, blanqueadas, dobladas y guardadas perfectamente en las gavetas emocionales correctas.  

Me dejó con sentimientos limpios, con sueños nuevos y sin etiquetas. Me dejó con palabras que retumban en mis oídos y con una figura con colores que se reproducen en mi mente porque ahora es parte de mi presente. 

 

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