Cartas a la Editora

Querida Lorena,

 

Quiero que escribas (cuando te inspire, por supuesto) sobre como las mujeres con mentes súper ocupadas a veces se nos olvidan donde dejamos las cosas. Generalmente nos volvemos un caos, un manojo de nervios y un huracán de estrés porque no las encontramos….y resulta que a veces lo tenemos en nuestras propias manos….ja, ja, ja…tal como te pasó ese día con las llaves del carro y en 2 segundos se “borra la memoria”.  Es como un “lapsus mentís” que nos traiciona; pero que después nos hace reír.  Creo que a todas nos ha pasado en algún momento de nuestras vidas; tanto trabajo, tantos compromisos, los quehaceres del hogar, en fin…tantas cosas…Saludos, Elvia

Gracias Elvia por tu nota y haré todo lo posible para escribir sobre los “Lapsus Mentís”que todas sufrimos de vez en cuando, pero no esperes mucho de mi, porque mis ideas que generalmente inspiran, ahora expiran y mis divertidas historias de aventuras, están congeladas por culpa de este largo y frío invierno.

Pero por cosas extrañas de la vida, está semana me pasó algo que es bueno compartir y que me ha inspirado a escribir esta historia. Ahí te va, espero que te guste.

Límpiando la caja de disfraces de Halloween me encontré la capa negra y el antifaz del Zorro de mi hija y sin pensarlo dos veces, me las puse y de inmediato sentí una sensación de poder inmesurable.

Con mi nuevo atuendo decidí aventurarme a la cocina y ante un montón de platos sin lavar, me eché la capa hacia atrás y como mujer que tiene control de su vida, dije en voz alta: “Definitivamente tengo el poder, pero no tengo las ganas de lavarlos y solté una ruidosa carcajada Ja,ja,ja,ja,ja,ja. Así salí de la cocina como toda mujer misteriosa que usa una capa negra para mostrar su poder  y un antifaz para ocultar sus obligaciones.

Rápidamente entré a mi alcoba y con la mirada de una mujer que nada le asusta, ante un montón de ropa por guardar, me eché la capa hacia atrás y con una poderosa voz dije: “Tengo el poder, pero no tengo las ganas y salió una gran carcajada Ja,ja,ja,ja,ja.”

La Capa Negra y el bendito antifaz me hicieron entender el poder y el control que tenemos las mujeres en el diario vivir. 

Con la humildad que me caracteriza y con una sonrisa Maquiavélica dejé mi casa para hacer la entrevista pautada para el día. Llegué a la hora exacta y con la precisión de una persona que tiene todo cronometrado, de inmediato procedí a colocar la súper mini video cámara y asombrada vi como lentamente el caos se apoderaba de mi al darme cuenta que la susodicha no tenía el poder para funcionar.

¨¡Pamplinas¨ – dije asombrada – “Tengo las ganas, pero no tengo el poder. ¡Que ironia!”

Apenada recordé que tenía el cable de la cámara en mi auto, pero mi mente se quedó en blanco al darme cuenta que no recordaba dónde había puesto las llaves y cómo un huracán de estrés puse al entrevistado, la secretaria y su asistente a buscar las llaves por todos lados, pero nada. Como última instancia, súper apenada por mi desorganización, decidí vaciar el contenido de mi bolso y ruidosamente cayeron las benditas llaves en la mesa.

Sin la sonrisa Maquiavélica, ni la capa y antifaz del Zorro y sin la ruidosa carcajada regresé a mi casa resignada al descubrir que el control se pierde si el poder no tiene baterias.

 

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